GALA DEL DB5: 11/02/11

México: 19 Hs
Perú: 20 Hs.
Ecuador: 20 Hs.
Venezuela: 20:30 Hs.
Argentina: 22 Hs.
España: 1Hs (12/2)

Titulo: Helado de Sabores
Directed by: Elisaul Guevara Pais: Venezuela
Genero: Animacion.
Clasificación: Apta para mayores de 13 años
Música: “Because I Love You- Soundtrack de Earthbound” (Piano):
               http://www.youtube.com/watch?v=NCe7Jr6KBkg

Detalles del Director:
·                    Las escenas transcorren en el orden en el cual son narradas.
·                    La animación es bidimensional y dibujada.
·                    La obra está en blanco y negro.
·                    El diseño de los personajes es parecido al de los personajes en el cortometraje “Snowman” y la pelicula “When the Wind Blows”.
·                    La música al principio viene de una caja musical (solo dura 58 segundos) y al final funciona como música de fondo.
·                    El final de la obra esta basado en un hecho real. Sin embargo el resto de los hechos, así como los personajes descritos, son totalmente inventados.
Sinopsis: El recorrido de un heladero por un vecindario y sus intentos por dar helados siempre con una sonrisa.

Argumento:
(Comienza a sonar “Because I Love You”- Soundtrack de Earthbound)
Va apareciendo gradualmente el titulo de la obra:
Helado de Sabores
El titulo está escrito sobre un letrero colgado en una habitación; la habitación tiene fotos de un hombre cargando a su bebe,  jugando con una niña en un parque y cenando con ella. Se muestra al hombre acostado sobre su cama. Él extiende la mano y apaga la caja de música que activad por el reloj (Para de sonar a los 58 segundos “Because I Love You”- Soundtrack de Earthbound).
Todo está en silencio. El hombre es un poco obeso, con poco cabello y tiene bigote. Se levanta de su cama y agarra el letrero que dice “Helado de Sabores”.
El hombre se dirige a un congelador y saca un paquete de helado. Luego con el paquete y el letrero, se dirige al garaje donde hay un carrito de helados. Vacía el paquete de helado en el  carrito y cuelga el letrero en un gancho en frente del vehiculo. Sale por la puerta del garage con el carrito a recorrer el vecindario.
El hombre se detiene un momento y saca de su bolsillo una foto de su hija sonriente y el mismo sonríe al verla. Y con esa gran sonrisa sigue su jornada.
Ve a unos niños jugando en el parque y empieza a tener un recuerdo. Un flashback nos muestra a él y una mujer jugando en el parque con su hija, empujándola en los columpios, jugando con ella en el sube y baja. Con una sonrisa se dirige hacia los niños del parque, ellos se quedan mirándolo. El saca un cono de helado de su carrito y se lo ofrece a los niños; uno de ellos agarra el helado, lo mira y se lo lanza en la cara al vendedor, todos los niños se ríen de él. Luego uno de los niños saca un paquete de comida procesada; todos comen de la bolsa y empiezan a ponerse hiperactivos, corriendo en distintas direcciones.
El hombre luce molesto pero se detiene y saca la foto de su hija del bolsillo. Se limpia la cara con un pañuelo, sonríe y sigue trabajando.
El heladero se acerca a la estación de autobuses y ve a un hombre charlando por celular. En ese momento tiene un recuerdo: su esposa (que aparecio en el recuerdo anterior) está subiendo a un autobus agarrada de la mano con otro hombre, después el heladero se va a su casa y habla con su hija y ella empieza a llorar; él la abraza. Al recordar esta escena, el heladero se entristece un poco pero ve la foto de su hija y sonríe. Se acerca al hombre con el celular y trata de ofrecerle un helado; una joven pasa en una patineta y tropieza con el heladero, derramando el cono de helado sobre el costoso traje del hombre. El hombre enfurece y grita. Empieza a exigirle al heladero dinero por su traje pero él no tiene dinero. Así que furioso el hombre arranca el letrero de helados y lo parte a la mitad. Después llega un autobus y el hombre sube molesto. El heladero triste recoge las mitades de su letrero. En ese momento recuerda como hizo ese letrero, coloreándolo y adornándolo con su hija.
El hombre cansado de tanto recorrido se sienta en una banca. Y se queda pensativo, se ve a él mismo comprando unas cosa del supermercado con su hija, la niña salta alegremente. Una mujer está en su camino enredada con el collar del perro que la acompaña. El heladero se acerca y la ayuda. Mientras él está volteado, una camioneta aparece de la nada, un hombre sale y rápidamente secuestra a su hija. El hombre voltea al escuhar los gritos de la infante. El hombre grita desesperado. Vemos un montaje que nos revela como el hombre busco insesantemente a su hija, la investigación policíaca, la ayuda vecina, pero nada; su hija nunca fue encontrada.
Volvemos al banco donde está sentado el heladero, a quien se le han escapado un par de lagrimas con tan dolorosos recuerdos. Continua su rutina.
Pasa frente a una casa y ve un hombre que, con cara triste, sale de su casa a respirar y agarrar fuerzas. El heladero ve la foto de su hija y recuerda un momento en que estaba con su hija, él estaba con una cara seria y nadie compraba helados. Entonces la niña le hizo una expresión aconsejándole que sonriera, el heladero lo hizo y su venta de helados mejoraron. Con este recuerdo en mente el heladero sca fuerzas y sonríe, se acerca al hombre y trata de darle un heldao. El hombre no quiere pero él insiste con su firme sonrisa. El hombre le ofrece dinero para que se vaya pero el heladero no quiere dinero solo quiere regalarle un helado para desearle un buen día. El hombre agarra el helado, luego se desploma en el suelo y empieza a llorar. El heladero está extrañado por esa expresión. Pero el hombre, todavía llorando, lo invita a su casa para explicarle y al entrar, el heladero nota que cerca de una mesa hay una cuerda en el techo lista para ser usada en un suicidio. El heladero queda sorprendido y el hombre sigue llorando avergonzado. Se muestra que los dos individuos quedan un rato charlando hasta que oscurece, entonces el heladero le da la mano al otro hombre y se retira a su casa.
En su casa el heladero está arreglando su letrero con clavos y pegamento. Se detiene y observa la foto de su hija por ultima vez. Luego vemos al hombre durmiendo con una sonrisa en el rostro. Se muestra que volvió a colgar el letrero reparado en la pared. Esta vez con una foto de su hija pegada en la esquina. (Vuelve a sonar “Because I Love You”- Soundtrack de Earthbound)  Esta ultima imagen del letrero se va desvaneciendo mientras van apareciendo los créditos finales.


Continue

Título: “El reloj del crimen”

Director: Lalo Martín


Género: Cortometraje - Thriller

Elenco:
Maribel Verdú – Berta
Belén Rueda – Marcela
Pablo Echarri – Alfredo, el detective
Núria Espert – La anciana

Sinopsis:
Marcela es una mujer en busca de su pasado, algo que la llevará a encontrar a Berta, una periodista con la que coincide en la casa que el detective que contrató le dijo que era de sus abuelos. Será aquí donde salga a la luz una trama de la que sólo una podrá salir con vida.


Argumento:
- Hola, estoy buscando esta casa – le dice Marcela mientras le señala el papel en el que tiene anotada la dirección – y como no vivo aquí, y no conozco, pues...
- ¿Ve esa casa? ¿La del ventanal que funciona como un reloj? – le pregunta la anciana señalándole la casa que ya había tenido delante Marcela.
Marcela asiente con la cabeza y la anciana:
- Pues es esa, muchacha, pero no deberías ir.
- ¿Por qué no? – pregunta intrigada.
- Porque esa casa... esa casa... está maldita – le termina susurrando.
- Yo no creo en esas cosas.
- Pues deberías creer, porque cuando se habla de ello, es por algo. Y ya se sabe, que sabe más el diablo por viejo, que por diablo.
- Muchas gracias por todo.

Marcela se encamina hacia la casa y, con solo girar la manilla el portal se abre. Una vez dentro, sigue el camino de piedras y observa que, a pesar de llevar deshabitada un montón de años, el jardín está limpio y cortado. Sigue andando y llega hasta la puerta principal, pero ésta está cerrada, así que decide dar una vuelta por el jardín hasta la puerta de atrás que, aunque estaba algo atrancada, con un ligero golpe, logró abrirla y entrar en la casa por la cocina. Evidentemente estaba muy sucia y, a diferencia del exterior, todo muy desordenado.
- Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa – grita asustada y echa a correr ante la aparición de una rata. Entra en la primera habitación que encuentra y cierra la puerta. Al girarse y con la respiración agitada, se da cuenta de que era un dormitorio, y de una mujer, puesto que tenía un tocador lleno de cosméticos, adornos y perfumes varios con una silla delante.

Ya estaba más calmada y entonces decide seguir investigando la casa pero, al querer abrir la puerta, ésta no se abre, a pesar de los esfuerzos de Marcela.
- Maldita sea. ¿Por qué no se abre? – se decía a si misma mientras el desasosiego que sentía en ese momento provocó que le diera un ataque de asma, algo que ya hacía años que no le pasaba. Para su desgracia no llevaba encima el inhalador, así que se sentó en la cama y se puso a inspirar y expirar profundamente.

Habían pasado unos minutos y ya estaba mejor cuando sintió un ruido al otro lado de la puerta, algo que la hizo quedarse paralizada y con el oído más pendiente que nunca hasta del más mínimo sonido, hasta que la puerta fue golpeada por fuera y empezó a abrirse. A Marcela se le abrían los ojos como platos y cogió rápidamente un paraguas que había en una esquina.
- ¿Quién eres tú y qué haces aquí? – le preguntó Marcela a la mujer rubia que abrió la puerta.
- Yo soy Berta, y pasaba por delante cuando escuché un grito, así que decidí entrar – le respondió.
- Pues menos mal, porque no me abría la puerta.
- Bueno, eso ya da igual, el caso es que ya está abierta.
- Eso es cierto.
- ¿Y cómo te quedaste encerrada? ¿qué haces en esta casa abandonada?
- Pues resulta que me enteré hace unos meses que fui adoptada, así que decidí buscar a mi familia biológica a través de un detective, que me dijo que esta casa había sido de mi abuela – le contó Marcela mientras iban andando por los largos pasillos llenos de espejos que tenía la casa.
- ¿Y cómo te enteraste? ¿Por qué no les preguntaste por tu familia biológica? – preguntaba Berta.
- Vamos al segundo piso – inquirió Marcela, para a continuación responder las preguntas de Berta - Ya me hubiera gustado, pero no tenía a quién preguntarle... me enteré por casualidad, al encontrar mi partida de nacimiento.

Marcela seguía contándole cómo había llegado hasta allí cuando vio algo que le impresionó: una foto en la que salía Berta. A pesar de la impresión, pudo disimular y que Berta no se diera cuenta de lo que acababa de ver.
- Bueno, cuéntame algo de ti, como ¿qué haces por aquí?
- Nada en especial, simplemente fui a casa de una amiga que se tenía que ir a trabajar y le quedaba bien dejarme aquí, y así ya estaba más cerca de mi casa.

Marcela cada vez estaba menos a gusto revisando la casa y más nerviosa, algo que se empezaba a notar en su respiración.
- ¿Te pasa algo? Estás como nerviosa, angustiada… - le intentaba sonsacar Berta.
- ¿Algo? Tú no estás aquí por casualidad. Te vi en una foto en aquel cuarto – gritó Marcela.
- Muy aguda, y tienes razón, aunque la de la foto no soy yo, es mi abuela. Pero eso da igual – respondió Berta con una sonrisa en la cara.
- Yo me largo de aquí…
- Tú no te vas a ningún lado. No pienses que he pasado tanto trabajo para traerte hasta aquí, como para dejar que te vayas como si nada.
- ¿Qué tú me has traído? ¿Te has vuelto loca?
- No, querida. A ver, te cuento: Yo hablé con Alfredo, que es íntimo amigo mío, y como me comentó que tenía muy pocos datos y los que tenía tampoco eran suficientes para llegar a ningún resultado, pues yo le dije que te diera esta dirección.
- ¿Para qué? ¿Qué ganas con tenerme aquí? ¿Y cómo supiste que ya estaba aquí? – pregunta Marcela con una mezcla entre intriga e indignación.
- Muy sencillo. La anciana que hay a unos pasos, ¿la recuerdas? Pues está muy feliz con lo que le pago para que me informe si alguien entra. ¿Y qué gano? Déjame pensar…
- Claro, tú entraste por la puerta principal, por eso escuché ese ruido.
- Muy lista.
- Tenía que haberme dado cuenta antes.
- Pues sí, pero no te diste cuenta antes. ¿Qué le vamos a hacer?

En ese momento Marcela echa a correr, intentando escapar, pero Berta lo evita empujándola, por lo que Marcela queda inconsciente.
- Es una lástima que quieras escaparte, pero qué le voy a hacer… de todos modos tienes que morir.

Berta baja las escaleras que dan lugar al recibidor, en el que hay un mueble sobre el que dejó su bolso al entrar. Lo abre, mete la mano y saca de él un gran cuchillo de cocina. Acto seguido sube hasta donde está el cuerpo inconsciente de Marcela y la apuñala a sangre fría, y la deja situada estratégicamente de acuerdo a sus planes.

Al día siguiente, y a la hora indicada por Berta, la anciana da la voz de alarma, asegurando haber visto entrar pero no salir a una mujer. Al entrar en la casa, la policía se encuentra el cuerpo sin vida de Marcela iluminado por el ventanal del reloj, algo que nada más saberse en la zona, acrecienta el mito acerca del “reloj del crimen” y que ya hacía años que nadie mencionaba.

Con la conmoción creada por este hecho, el libro de Berta titulado “El reloj del crimen” tratando dicho mito, y que había sido publicado 4 meses atrás sin ninguna repercusión, ahora se veía de máxima actualidad y con un espectacular incremento de ventas ante el morbo generado en la gente.

Con este éxito, Berta acudió a un centro comercial a firmar ejemplares.
FIN

Anexo:
·        A medida que se escucha la narración de Berta, se van viendo las escenas correspondientes.
·        En la firma de ejemplares, la cámara empieza enfocando cerca de la mesa, de manera que se puede ver la dedicatoria, para después irse alejando paulatinamente. 

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Título: Reclusorio

Director: Alvaro Casalino. Perú

Género: Terror/Suspenso

Clasificación: Mayores de 16 años: Terror, violencia.

Elenco:
Peter (Adam Chubbuck)
Paul (Stephen Jasso)






Música:
Sympathy for the Devil- Rolling Stones:


Jesús, Alegría de los Hombres-Johann Sebastian Bach:


Paranoia 1- Producción propia:


Pesadilla 13- (Producción propia):



Sinopsis: Una vieja casa…con un terrible secreto que abrirá las mismísimas puertas del infierno para aquellos que viven en ella.



Argumento:

Los créditos se muestran brevemente sobre un fondo negro, sin música. Ruido ambiental de automóviles y pájaros que cantan. Cuando terminan los créditos, hay un paneo que muestra una pista en medio del campo.
Un automóvil azul pasa velozmente por la pista; En la radio del auto se escucha “Sympathy  for the Devil” de los Rolling Stones.
Dos jóvenes están en los sentados en los dos asientos delanteros del auto: Peter y Paul. Los dos parecen tranquilos, felices.
En el asiento posterior hay varias cosas, guardadas en cajas. También está el perro de Peter, un enorme labrador dorado, llamado Lucas, el cual asoma su cabeza alegremente por la ventana del auto. Paul vuelve el rostro hacia Peter, quien conduce el auto.

Paul: Gracias por permitirme quedarme en tu nueva casa, Peter…
Peter: (La música no le permite oír bien) ¿Qué?...
Paul (Alzando la voz) Gracias por quedarme en tu nueva casa, Peter.
Peter: Espera… (Baja el volumen del auto) ¿Qué me dices, Paul?
Paul: Gracias por permitirme quedarte en tu casa, Peter.
Peter: Ah…No es nada… (Ríe) Me gusta ayudar a quienes están necesitados…
Paul: Además, sé que te orinarías de miedo por tener que pasar la noche solo en aquel viejo caserón. (Los dos jóvenes ríen)
Peter: Tú sabes que no estoy solo… ¡Tengo a mi fiel Lucas! (Paul acaricia la cabeza del perro)

El auto sigue avanzando por la carretera, y la música cambia repentinamente: Ahora es la pieza de música clásica “Jesús, alegría de los hombres”, cuyo tono sereno se escucha mientras el auto de Peter llega a un viejo caserón, ubicado en las afueras de la ciudad.
Un bosque pinos rodea la zona, la música clásica sigue escuchándose mientras Peter y Paul van bajando las cosas del auto.

Paul le echa una mirada al caserón. Tiene todo el aspecto de casa embrujada, aunque al mismo tiempo, conserva cierto encanto, más que nada por las elegantes formas de la construcción.
Paul: Un gran sitio ¿Eh?
Peter: (Indiferente) Pssí… Pertenecía a mis abuelos…Ellos eran una pareja de lo más excéntrica, ¿Sabes? Pero no te preocupes…Por fuera se ve viejo, pero por dentro, tiene todas las comodidades de una casa moderna…

La siguiente escena tiene lugar en el interior de la casa. Paul enciende una luz del pasillo, la cual tintinea levemente.
 Paul: Todas las comodidades de una casa moderna, ¿Eh? Tal parece que el abuelo se olvidó de arreglar algunas luces…
Peter: (Un tanto desconcertado) No entiendo…La última vez que vine estaba todo perfecto…
Paul: ¿Hace cuanto viniste? ¿Veinte años?
Peter: Tres días, solamente…En realidad, desde la lectura del testamento del abuelo he venido aquí varias veces… (La luz se normaliza) ¿Ves? Ahora todo está normal.

Todas las demás habitaciones se ven completamente normales. Hay algunos cuadros colgados en la pared que parecen datar de una época antigua, pero todos estos se ven absolutamente normales, incluso hermosos: La gran mayoría de estos representan escenas de la vida en el campo. Paul los examina todos con mucha curiosidad.
Lucas corretea por las habitaciones.
Peter: Eh, Lucas… ¡No hagas destrozos!

La atención de Paul recae finalmente en una pequeña foto en blanco y negro, colocada sobre un librero. Peter se acerca a Paul.

Peter: El abuelo…Y la abuela, de jóvenes… ¿Qué te parecen?

Paul se encoge de hombros.

Paul: ¿A qué te referías con que eran una pareja “excéntrica”?

Peter guarda silencio por unos breves instantes.

Peter: Bueno…No eran los abuelos típicos…Pero tampoco eran malas personas…Yo recuerdo que eran muy buenos conmigo, aunque en los últimos años me la pasé muy alejado de ellos…

Paul asiente con la cabeza, pero no parece muy convencido. Los dos siguen revisando las habitaciones: Hay un espacioso salón comedor con chimenea, cinco dormitorios, dos cuartos de baño, y una habitación vacía, sin ningún mueble. La pintura de los muros de la habitación parecen bastante descuidados, con grandes desconchones. Una pequeña puerta se encuentra a un extremo de la habitación.
Paul: ¿Y esto?
Peter:(Rascándose la cabeza) ¿Y esto?...Pues…No es nada…
Paul: ¿Y la puerta? ¿A dónde lleva?
Peter: A ninguna parte. Es una puerta condenada.

(Paul se acerca hasta la puerta e intenta abrirla)

Peter: ¿Qué estás haciendo? ¿No me crees? (Saca una llave de sus bolsillos, y abre la puerta. Unas tablas de madera cierran el paso al interior de la habitación) ¿Ves?

Paul: Está bien, te creo…Pero… ¿Qué es lo que había en el interior de esa habitación?

Peter: (Encogiéndose de hombros) No había nada.

Paul: ¿Por qué tapiarían la entrada a esa habitación, si no hay nada dentro de ella?
Peter: ¿Y cómo voy a saberlo? Desde que era niño, y venía esta casa, esta puerta ha estado tapiada…

Paul: Está bien, está bien…No te enojes…
 Peter y Paul terminan de acomodar sus cosas en la casa. Durante la tarde, Paul juega con Lucas con una pelota de tenis. El perro ladra alegremente. La cámara observa sus movimientos desde lejos, como si alguien estuviese observándolos.

Peter se acerca a Paul.

Peter: ¿Y bien? ¿Qué te parece?
Paul: ¿Qué cosa?
Peter: La casa… ¿Qué te parece? ¿Crees que puedas permanecer aquí durante las vacaciones?
Paul: La casa está bien…Es sólo que…
Peter: ¡Vamos, Paul! Esto no es “El Resplandor”… No hay ningún fantasma en esta casa…Cuando era niño, pase muchos fines de semana en esta casa, en compañía de mis padres, y no pasó nada…
Paul: No es la casa, Peter…
Peter: Entonces… ¿Qué es?
Paul: Bien…Resulta que…
Hay un breve instante de silencio. La cámara enfoca el rostro de Paul.
Paul: No puedo volver a mi casa…
Peter: ¿Qué?
Paul: Es el nuevo novio de mi madre…Él me echó de casa…
Silencio. La cámara se aleja de los dos jóvenes. Paul sigue hablando.
Paul: Perdona por no habértelo dicho antes, Peter… No quería… (Sonríe de forma infeliz) no quería arruinar tus vacaciones…Sólo pensé pasar un buen rato juntos, como amigos…Por eso no te lo dije antes…

Peter se sienta en un sillón.
Peter: Que mierda.
Paul: Sí, una mierda completa…

No obstante, en la siguiente escena, Peter y Paul están cenando y conversando, como si nada.
Peter: ¿Y has pensado en qué vas a hacer ahora?
Paul: Bueno…Pensé a quedarme a vivir aquí unos cuantos días, hasta que consiga un trabajo y pueda alquilar alguna habitación en la ciudad…Digo, si no te molesta…
Peter. No, no me molesta… ¿Para qué son los amigos si no es para esto?
En la siguiente escena, los dos chicos están en sus respectivos dormitorios, mientras que el perro duerme en su cesta, en un extremo de la sala.
Luego de permanecer pensativo sobre su cama, Paul finalmente se acuesta y paga la luz de la habitación.

La cámara recorre las diferentes habitaciones del caserón a oscuras. Todo parece normal. En la habitación vacía, la cámara hace especial énfasis en la puerta condenada, de cuyo interior parecen provenir unos leves ruidos, semejante al murmullo de voces que conversan.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, Peter revisa el frigorífico.

-¡Diablos!- exclama- Sabía que me ayer me había olvidado de comprar algo…

-¿Es urgente?- pregunta Paul.

-Bueno, para mí sí lo es…- responde Peter con una sonrisa. Se acerca a la mesa del comedor y toma las llaves del auto- Me voy a la ciudad, ahora vuelvo… ¿Necesitas algo del supermercado?

Paul niega con la cabeza. Desde la cabeza observa a Peter irse en el auto. Lucas se acerca a Paul, quien le acaricia su cabeza.
 Paul lanza la pelota de tenis a Lucas, para que la busque. Mientras el perro va por la pelota, Paul siente curiosidad y va hasta la habitación vacía.

Luego de permanecer unos instantes observando fijamente la puerta condenada,  Paul se encoge de hombros y se da media vuelta, preparándose para salir de la habitación.
Sin embargo, antes de que salga de la habitación, cree oír un leve murmullo, el medio del cual alguien parece pronunciar con gran dificultad su nombre.

-Paul…

Paul se da media vuelta, y se acerca a la puerta condenada. Entonces se da cuenta de que los desconchones han aumentado en la pared, y ahora pueden verse unos cuantos trazos, aunque no se puede ver muy claramente que es lo que representan. Paul va por las llaves de la casa, que Peter dejó en la cocina,  e intenta abrir con cada una de estas la puerta condenada. Cuando por fin abre la puerta, una vez más se topa con aquel muro de madera.

Paul parece un tanto desconcertado por esto, pero cierra la puerta y abandona la habitación vacía. Cuando se va, unos leves murmullos pueden oírse desde el otro lado de la puerta. Unos cuantos fragmentos de la pared caen, sin hacer ningún ruido,  y, en el suelo avanzan unos pequeños insectos, parecidos a gusanos.
Cuando Peter vuelve a la casa, Paul no le dice nada de lo que pasó.
Los dos siguen su rutina habitual, pero esa noche son despertados por unos extraños ruidos, semejante a madera crujiendo.

Peter: ¿Qué diablos es eso?
Paul: Parece venir de la habitación vacía…
Los dos se levantan y prenden las luces del pasillo. No hay luz dentro de la habitación vacía, así que los dos jóvenes llevan linternas. Los crujidos siguen escuchándose con más y más intensidad.

-¿Qué diablos está pasando?- pregunta Peter, y con gran esfuerzo, logra abrir la puerta condenada. En cuanto lo hace, se da cuenta de que gran parte del muro de madera ha cedido, y puede verse una extraña habitación en su interior.

Peter: (Alumbrando con la linterna) ¿Qué diablos es esto?
 Muro de madera termina por ceder, ante la presión ejercida por Peter y Paul. Con asco y sorpresa, los dos descubren varios gusanos blancos en los trozos de madera esparcidos en el piso. Pero lo que llama más su atención es el símbolo que adorna la pared de aquella habitación recién descubierta: Una especie de estrella de cinco puntas, así como una serie de inscripciones en un idioma desconocido.

A la mañana siguiente, los dos jóvenes discuten acerca de su hallazgo.

Paul: ¿Por qué esa habitación estaba tapiada? ¿Qué significan esos símbolos en las paredes?

Peter parece estar a punto de decir algo, pero luego se contiene.

Paul: Peter… ¿Sabías tú de esta habitación?

Peter niega con la cabeza.

Peter: Yo…Yo no sabía acerca de esta habitación, pero…
Paul: ¿Pero qué?
Luego de un breve, pero incómodo silencio, Peter habla:

Peter: Yo no sé bien que son esos símbolos…Ni sabía acerca de esta habitación. Sin embargo…Sin embargo tal vez tenga algo que ver con las creencias de mi abuelo…

Paul: ¿A qué te refieres?
Peter: Mis abuelos…Mis abuelos no eran cristianos. Ellos fueron ateos durante una buena parte de su vida, aunque en su vejez se unieron a una secta gnóstica, la cual predicaba que la humanidad veneraba a un dios falso…Y que las historias de la Biblia no eran más que mentiras, fabricadas por un demiurgo malévolo…
Paul observa fijamente a su amigo, con sorpresa y desconcierto.

Peter: Cuando mis abuelos comenzaron a hacer públicas sus creencias…Mis padres se alejaron de ellos…También me aconsejaron no volver a verles…Sin embargo, yo les desobedecí en una ocasión, visitándoles poco antes de la muerte de la abuela…Ellos me dijeron…Me dijeron una serie de cosas extrañas, que no llegué a entender muy bien. Después de eso, me convencí de que ellos estaban locos…Y no quise saber nada de ellos…Hasta que…Hasta que me enteré  de la muerte de la abuela. El abuelo murió unos pocos meses después…

Los dos permanecen en silencio. La cámara los enfoca de lejos, dando la impresión de que alguien les está observando.

Paul: Y ellos… ¿Nunca te hablaron de aquel cuarto?
Peter: No…Nunca lo hicieron…La verdad…Nunca pensé que adentro de ese lugar estuviera…Eso…


En la escena siguiente, los dos entran en la habitación, la cual parece una réplica exacta de la habitación vacía, incluso con los mismos desconchones. En el interior de la nueva habitación, no hay nada, salvo una caja de cartón, en cuyo interior hay varios lienzos vacíos, o con los dibujos borrados.
Sólo uno de los lienzos ha permanecido intacto: Se trata de un cuadro que representa la resurrección de Lázaro. Las figuras de Cristo y María Magdalena obedecen a los cánones convencionales de la pintura renacentista, aunque el aspecto de Lázaro es por demás extraño: Gran parte de su cuerpo aún permanece cubierta por los vendajes, aunque las partes del torso y el rostro que pueden verse parecen estar en estado de descomposición. Más extraños son los ojos de Lázaro, los cuales parecen estar vivos, aunque su mirada parece perdida, como buscando a alguien no presente en el cuadro.

Paul: ¿Y esto? ¿No dijiste que tus abuelos no eran cristianos? ¿Por qué tendrían un lienzo así en su casa?
Peter: No lo sé…No sé qué…
Paul: ¿Qué haremos con estos lienzos?
Peter: ¿Qué crees tú? No quiero tener nada de esta habitación en mi casa…

En los días siguientes, Peter y Paul tiran los lienzos a la basura, y borran los símbolos dibujados, pintando encima de estos. No contentos con esto, los dos jóvenes tapian nuevamente aquella habitación, esta vez con cemento y ladrillos. Además se dedican a fumigar cada una de las habitaciones de la casa, a fin de matar a todos los gusanos y termitas que pudiese haber, aunque, a decir verdad, no parecen haber gusanos en ninguna parte, salvo en la habitación de los desconchones. Una vez toda la labor está terminada, Peter y Paul parecen satisfechos con el trabajo, y se echan a descansar en los sofás. No obstante, algo llama la habitación de Paul.

-¿Qué es eso?- pregunta Paul, señalando a uno de los cojines de uno de los sofás de la sala. Algo blancuzco parece brotar del interior de estos. Con repugnancia, los dos chicos descubren a unos gusanos royendo en el interior de los cojines.
-Pensé que  habías echado insecticida, Peter- dice Paul, con tono de reproche.
-Sí lo hice…- responde Peter, un tanto molesto.
Peter tira el cojín al interior de una bolsa negra de basura, con los lienzos.
De nuevo, los dos jóvenes parecen sentirse invadidos por una gran incomodidad. Sin embargo, los dos se esfuerzan por seguir con su rutina habitual, aunque durante la cena, apenas intercambian palabra alguna.
 Peter opina que tal vez lo mejor sea que los dos vuelvan mañana a la ciudad, y una vez allí vuelvan a instalarse en la casa de los padres de Peter. Paul está de acuerdo con la idea, aunque no le agrada el hecho de tener que quedarse una noche más en aquel caserón extraño.
Durante la noche, mientras Paul y Peter duermen,  unas extrañas manchas se expanden silenciosamente a través de los muros de las demás habitaciones; un extraño ruido, semejante a un murmullo parece provenir desde el interior de los muros.
Lucas se levanta y se pone en estado de alerta. Algo parece haberlo asustado.
Mientras tanto, Paul tiene una pesadilla, durante la cual se ve a sí mismo en medio de un extraño bosque, cerca de una gruta, muy parecida a la gruta de donde emerge Lázaro en el lienzo. De esta gruta brotan unos seres horribles,  semejantes a cadáveres descompuestos, de cuyos órganos brotan unos gusanos blancos, muy parecidos a los que royeron el muro de madera que tapiaba la entrada a la habitación secreta.
Estos seres caminan hacia Paul, el cual quiere huir, pero no puede hacerlo, porque unas manos que brotan de la tierra tienen sus piernas atrapadas.
Paul es llevado por los seres al interior de la caverna, en donde estos le envuelven con unos lienzos, hasta cubrir todo su rostro, mientras Paul da gritos de terror.
Paul despierta agitando, sudando copiosamente. Él parece haber sentido algo extraño bajo su almohada, y al momento de revisar bajo esta, encuentra un sudario, muy semejante al que Lázaro llevaba puesto en el lienzo.
Paul se levanta de la cama, y sale de su habitación, llamando en voz alta a Peter, pero nadie le responde. Paul entra a la habitación de Peter, la cual está vacía. Recién entonces se percata de las horribles manchas negras que se han expandido por todas las paredes de la casa.

La cámara enfoca el suelo de la habitación de Peter, en donde pueden verse unas extrañas huellas, así como un rastro de barro y sangre.
Unos cuantos gusanos blancos avanzan repugnantemente sobre las sábanas. Paul retrocede y sale de la habitación.
Paul escucha entonces el quejido del perro Lucas, el cual se oye como si le estuviesen matando. El lugar de donde proviene el ruido es la habitación vacía, en donde está la puerta tapiada. Antes de que Paul pueda entrar a la habitación, brota desde el interior de esta numerosos seres, en estado de descomposición, sin ojos, y asediados por gusanos y moscas. Entre ellos están Peter y Lucas, los cuales también se han convertido en monstruos sin ojos.

-¿Peter?- pregunta Paul, horrorizado, al ver el casi irreconocible estado en el que ha quedado su amigo.

Peter parece estar a punto de articular el nombre de Paul, pero antes de que lo haga, la mandíbula se le desprende del rostro. Peter se abalanza sobre Paul, e intenta agarrarle de un brazo, pero Paul se libera de este y corre hacia la planta inferior de la casa, perseguido por aquellos horribles seres.
Todo el lugar parece completamente cambiado: No sólo las paredes están cubiertas de manchas negras cuyas formas se asemejan a monstruos, sino que también unas extrañas plantas, semejantes a raíces, brotan de los muros, todas ellas cargadas de gusanos y cadáveres de pequeños animales en estado de descomposición, que se mueven nerviosamente, como intentado liberarse de las ramas.
Paul intenta inútilmente abrir la puerta de la casa: Tanto los cerrojos como las ventanas están cubiertas por aquellas monstruosas raíces. Sin ningún otro refugio, corre a la cocina, en donde se encierra, mientras los seres golpetean las puertas de la cocina.
Paul intenta abrir la puerta trasera de la casa, ubicada en la cocina, pero, cuando la abre, descubre con desesperación que hay un muro de ladrillos y cemento detrás de esta. Las ventanas de la cocina también están tapiadas. Los seres están  a punto de derribar la puerta.
La atención de Paul se centra sobre un cuchillo de cocina, que Peter había dejado sobre la mesa durante la cena. Sin ninguna otra opción, Paul toma el cuchillo y se quita la vida, cercenándose el cuello.
En cuanto cae muerto al suelo, cesan los golpeteos a la puerta. Ahora no hay más que silencio.
Los muros de la casa han quedado completamente normales ahora: Ya no hay rastro alguno de las manchas o las raíces monstruosas.
En los muros de la habitación vacía, ahora pueden verse claramente los trazos que habían sido dibujados en estos: Se trata de una burda representación de los seres que invadieron la casa. Junto a ellos, aparecen unos monstruos horrendos, semejantes a demonios. Algunos de los seres representados en los muros están de rodillas ante ellos, como venerándoles. Dos ancianos están de rodillas, en medio de aquellos repugnantes seres, en actitud de adoración hacia esos grotescos seres.
La puerta de la habitación vacía se abre: En el mismo lugar en donde estaba dibujada la estrella de cinco puntas, ahora aparece colgado el cuadro que representa la resurrección de Lázaro. La cámara se acerca, revelando a dos personajes nuevos, incluidos en el cuadro: Peter y Lucas.

La cámara va alejándose de la casa. De lejos, la cámara capta el movimiento de unos extraños seres, vagamente humanos, los cuales avanzan lentamente hacia el interior del bosque de pinos. Fundido en negro.
Los créditos transcurren en silencio, sin música.

Notas del director:
·        Las escenas transcurren en el orden en el que son narradas.
·        El aspecto visual de esta película es semejante al de las películas del Dogma 95: Las tomas (Incluso las que involucran un elemento fantástico) están realizados con cámaras de mano y sonidos ambientales, sin música de fondo, salvo en las escenas finales en las que se escucha  Paranoia 1, y algunos fragmentos de “Pesadilla 13” (Principalmente en las escenas finales)          
·         A pesar de ser una película de tema fantástico, el tratamiento visual es enteramente “realista”, sin muchos artificios.
·        La película no usa efectos digitales de ningún tipo, solo efectos tradicionales

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Título: TERAPIA
Director:  Xavier Vidal de las Heras

Clasificación: No recomendada para menores de 16 años

Género: Thriller dialogado, comedia negra

No tiene banda sonora ni canciones (el silencio es muy importante en la historia)

ELENCO:
-          ANA: Lauren Ambrose
-          DR. PECTERS: Peter Krause

ARGUMENTO /  SINOPSIS:
-          Un hombre y una mujer aparecen en una sala completamente blanca. Un reloj marca una cuenta atrás: 10 minutos. El tiempo que durará una terapia con final sorprendente.




Argumento:

Oímos el rumor de unos aparatos moviéndose. Algo parece encenderse. El negro del inicio pasa a un blanco brillante, artificial. La luz de varios fluorescentes inunda una sala grande con dos sofás blancos. Blanco invisible, aséptico. Una puerta en la derecha y otra en el extremo opuesto. Esta última se abre y vemos a ella (Lauren Ambrose) entrando en línea recta y finalmente sentándose en una de las butacas. Mira su reloj de pulsera,  juega con los dedos y observa la otra puerta abrirse. Él (Peter Krause) lleva una bata blanca a juego con el ambiente. Sostiene una carpeta gris, un bolígrafo plateado y unos cuantos folios. Se sienta. La cámara, que había observado la escena desde la distancia, se va acercando poco a poco. Los protagonistas se miran.

-          Bueno, sólo quiero saber tu nombre y lo que te ocurre. Entre los dos encontraremos una solución, seguro- empieza él sin presentaciones ni saludos. – Tu expediente es un poco confuso, así que tendrás que ponerme en antecedentes…
-          Fffff….- ella resopla nerviosa. Vestida de negro, desentona con todo. Se mueve nerviosa, balancea la cintura, mueve el pie, se come las uñas y juguetea con sus rizos pelirrojos. – Bueno, me llamo Ana, pero no es un dato importante: hay demasiadas Anas como para que alguien repare atención en una de ellas. Tengo 28 años, bebida aparento 40 y arreglada paso por una colegiala, mira por dónde. Soy neurótica, depresiva y suicida. Vaya, que estoy como una puta regadera. Pero algo sí se: no me gusta que me pregunten cómo me llamo y qué me pasa… porque no lo sé ni yo…
Ana traga saliva y continúa moviéndose. El hombre, que la había escuchado atentamente, se queda pensativo. Cierra el bolígrafo y aparca su carpeta en un extremo del sofá blanco: visto lo visto, no va a tomar ninguna nota. Se repeina y coloca bien su bata. Ordena el cartelito que preside su bata: doctor Penders. Se aclara la voz y se acomoda en la estructura acolchada. Un reloj media entre los dos y marca una cuenta atrás de diez minutos…
-          Ana, escúchame atentamente. Estoy aquí para echarte una mano, eso sí: siempre que quieras. Tenemos diez minutos para resolver tu enigma. Si no quieres ayuda, habla. Di lo que quieras, pero habla…- dice señalando el reloj blanco.
-          Quiere que hable…
-          Por ejemplo, qué te gusta, a qué te dedicas… o a qué te gustaría dedicarte…
-          Hice Fotografía en una universidad alternativa. Supongo que sólo conocí el bar y la sala de revelado. También supongo que debería considerarme fotógrafa. En su día fui muy buena, ¿sabe? Pero ya no me interesa. Pinté algunos cuadros, pero ahora sé que sólo era por pereza. Una temporada me dio por escribir: era un torrente de ideas… pero al final me daba cuenta de que todo eran chorradas de una niñata prepotente. Supongo que hay muchas escritoras de éxito que son niñatas prepotentes. Las lectoras niñatas y prepotentes son las peores. Yo no tuve el valor de ensuciar un papel. A mí siempre se me ha dado bien follar. ¿Quiere incluirlo en mi currículum?
-          Dices que has ido a la universidad. Cuéntame algo sobre eso.
-          Fui solo dos años. Lo dejé, como todo lo demás. Todo menos el chocolate, las buenas pollas y el tabaco: eso nunca lo dejo. La universidad es una mierda. La mía era como un parque temático. Los bohemios iban de frikis, los frikis de sabiondos y los sabiondos no lo eran porque copiaban. Créame: tener una carrera universitaria no es ningún mérito. A la mierda con las convenciones: yo quiero fumar, follar y comer chocolate. Nada más.
-          Bueno… gracias a esa carrera que tú no acabaste yo estoy aquí preguntándote y tú respondiéndome. Eres mi paciente y yo soy tu puto doctor que estudió cinco años medicina y otros tantos de psiquiatría. Supongo que sí tiene mérito una carrera, pero no te atreves a reconocerlo. Duele, pero es así: tanto tienes, tanto vales… y al final de mes también se decide cuánto cobras. ¿Te consideras cobarde, Anna?
-          Gracias a las fotografías sé que sí. Las fotografías no engañan. Uno no debe dejar que lo fotografíen: es muy peligro. Cuando decidí marcharme de la universidad volví a mi pueblo de mierda. Sí, todo es una mierda. ¿Sabe lo más curioso? Todos los idiotas que había conocido en el instituto habían cambiado. No eran los mismos. Dos años después y estaba entre extraños. Tal vez eran el doble de gilipollas. Ser consciente de que el tiempo pasa es muy duro. Y yo, que me dedicaba a pararlo con los flashes, me había quedado desfasada. Por un momento fui como un jodido vídeo ante el escaparate de una tienda de DVDs. No se ría: vi mi propia tumba y la cavé toda sola. ‘Eres un puto yogur caducado, Anna’, me dije, y yo misma me tiré a la basura. Y me deprimí. Y empecé con las pastillas.
-          ¿Todas esas adicciones vinieron después de la universidad?
-          En verdad, no. De la facultad tomé dos cosas: una cámara polaroid que mangué a un profe tarugo y una adicción de caballo a los porros. ¿Le dije que me gustaba el chocolate, no? Soy muy aguda. Las pastillas tenían que eliminar la adicción a la maría, y ahora necesito pastillas para eliminar la adicción de las pastillas que debían eliminar la adicción de los porros. ¿Me sigue? ¡Ah! También esnifo cocaína. Pero no se lo he dicho a nadie. Para eso no me medico. Ve, ya sabe muchas cosas… si usted es un afortunado... A todo esto lo llaman círculo vicioso, ¿no?
-          Más o menos.
-          Y el círculo se cerró. Me di cuenta que no sólo los demás habían cambiado, sino yo misma. Eso me aterró. Sabe… la gente está preocupada por la mentira, la fidelidad  y todas esas chorradas. A mí en cambio me gusta la gente de doble cara: ¿cómo podemos valorar la sinceridad si durante el día somos y nos comportamos como personas distintas? La sinceridad es una mentira. Y una mierda. La verdad empieza por la mentira. Soy varias Anas a la vez, ya lo ve.
-          Digamos que eres pesimista…
-          … y una yanqui yonki de cuidado. ¿Puedo fumar, no?- rompe ella mientras enciende un cigarrillo y vuelve a esconder paquete y mechero en sus bolsillos. – Soy una pesimista de cojones. Todo esto se supone que es para que salga ahí fuera, ¿no? Ahórrese el discurso porque no quiero volver a fuera. El mundo está loco. Los adolescentes quieren ser adultos, los adultos se comportan como veinteañeros calentorros, y los viejos, antes o después de perder el lívido, la cabeza y las piernas, son como unos niños arrugados. Todo lo cíclico me aturde. La rutina me mata- da una calada. – El tabaco en cambio me da vida, sea lo que sea la vida y sea lo que sea lo que contenga el tabaco. Y el chocolate. Y las buenas pollas. ¿Me estoy repitiendo, no?
-          ¿Y qué planes de futuro tiene? Si es que tiene, claro.
-          Está usted irónico, doctor. He vivido muy rápido y moriré igual de veloz. Cada cosa requiere su tiempo, precisa su momento…, pero yo he sido una bruta. Ya ve: nada, ninguna de sus preguntas, puede sorprenderme. Y como de algo hay que morir, fumo. Y follo sin condón. Y como chocolate hasta vomitar. Lo más normal del mundo.  ¿Ese reloj se ha parado, no?
-          Supongo que se nos ha acabado el tiempo. Ya tengo todo lo que quería saber.
-          Y bien… ¿cuál es su diagnóstico, doctor?
-          Diría que es una acomplejada. Una niña egoísta, mimada e insolente. No tiene ningún desorden psicológico, sino mucho descaro. Y labia, por supuesto. Esto es un circo patético. Ya he entendido el truco, señorita. Puede cerrar las luces.
-          Chicos, ¿habéis oído?- responde la joven ante la cámara fija que siempre la ha mirado durante la entrevista. - ¡Cerrad las luces!
La chica se vuelve a sentar. Oímos el pitido de un dispositivo mecánico. La luz blanca desaparece y el espacio se oscurece. Aparecen cables, focos ya apagados y un plató verde. El blanco se esfuma.
-          ¿Y bien? Qué opina…- responde el doctor Penders mientras rescata la carpeta y los folios de antes.
-          Muy astuto, señor Penders. Eso de dejar los papeles en un rincón para establecer complicidad con el paciente… ha sido interesante. Pero me ha dejado fumar. Y he insultado: nunca debe consentir ningún taco. Mi diagnóstico es que es un psiquiatra demasiado condescendiente. Por un momento ha intentado sentir compasión, usted ha callado y yo me he aprovechado. No ha sido nada profesional. Francamente, me ha decepcionado. ¿Se ha creído el papel de niña pija y burgués con adicción a las drogas? Muy manido, doctor, demasiado para caer en semejante trampa.- responde ella severa, aprovechando las últimas caladas que le proporciona su cigarrillo. Se acerca hacia él, coge la carpeta y el bolígrafo. Empieza a escribir. – ¿A qué venía toda esa mierda de su carrera? En fin, le receto una de ‘calmax’: está demasiado nervioso, y un psiquiatra nervioso es débil, y alguien débil no es un buen psiquiatra. El dichoso círculo vicioso. También le receto unas gotas de ‘convicción’ y ‘firmeza’: se las darán fuera en recepción. Está suspendido. Tome las recetas. Ya puede irse-.
El médico se levanta cabizbajo, toma las recetas y se va. La escena del inicio se repite, aunque en esta ocasión él es el primero que aparece en escena, pero para abandonar el plató.
Los ruidos que oíamos al inicio de la historia se repiten. El blanco reaparece.
-          Chicos, cámara… escuchadme- sigue ella, ya sola, mientras la cámara toma como plano único la expresión de su rostro. Nos mira. – Sigamos con la terapia. Vuelvan a rodar. A la de tres se encenderán las luces, yo entraré por la puerta y el paciente por el lado izquierdo. Enfocadlo todo bien, ¿de acuerdo? Alguien tiene que curar a los médicos. Que empiece el espectáculo- acaba con movimientos de brazos, gesticulación exagerada y voz alta. – A la de tres… Uno, dos…

Reaparece la luz, el plató, los sofás. La cámara oscurece.
-          ¡Tres!
Aparecen los títulos de crédito.




 DETALLES:
-          La obra no tiene canciones ni banda sonora: el silencio es muy importante. En los títulos de crédito, oímos los pasos de alguien entrando en la sala. De esta forma el espectador se percata que la ‘terapia’ vuelve a empezar, aunque nosotros no lo veamos.
-          La cámara enfoca durante el diálogo en plano fijo a los personajes. De esta forma, la fotografía es estática y enfoca, siguiendo el orden del discurso, o a Ana o al doctor. En la pantalla se sobreimprime en todo momento en el margen derecho del cuadro un reloj, ya que lo que realmente vemos son las imágenes de una videocámara casera. 

Nota al lector (incluir después de la obra):
Un fin de semana conocí a una gente que me pareció bastante estúpida. Tenían sus ideas e ideales, y se los creían. Y pensé: ¿quién les dice a estos señores que están equivocados? Luego pensé: para estos señores, yo estoy equivocado. De aquí nació el círculo vicioso y la necesidad de enfrentar cara a cara a dos personajes que a su modo son y están tarados. ¿Nunca han pensado que muchos psicólogos deberían ser los primeros en ser psicoanalizados? ¿O que quien estudia magisterio en realidad quiere ser un alumno eterno, y no un profesor? Quería escribir sobre eso. Un cuento breve sobre la idea de que ‘las apariencias engañan’. De que no existe la verdad absoluta, sino distintas formas de ver un mismo asunto. Algo que muchos olvidan con facilidad en ese mundo tan variopinto que describe Ana en su speech. ¿Es lícito que alguien se crea en el derecho de juzgar a alguien? No, por eso el final tenía que ser sorpresa. Al fin y al cabo, todos necesitamos una terapia, ¿no creen?



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