GALA DEL DB5: 11/02/11

México: 19 Hs
Perú: 20 Hs.
Ecuador: 20 Hs.
Venezuela: 20:30 Hs.
Argentina: 22 Hs.
España: 1Hs (12/2)
Posted by DB5 | miércoles, 12 de enero de 2011 | 6 comentarios


Título: Colorblind

Director:  Arturo Espinoza. México.

Género: Drama - Romance

Clasificación: PG-13



Reparto:

Matthew Beard - Edgar
Jonathan Togo – Alex (Gerente)
Ellen Page – Amiga en la Fiesta
Julie Christie – Clienta en el Supermercado.

Mark Webber - Andrés
Scott Bailey – Eduardo (Lalo)




Soundtrack:

1. Crucify my Love – Japan X

2. Colorblind – Counting Crows

3. Colorblind – Counting Crows (Instrumental Cover)

4. Lisa Hannigan - Lille

5. Jose Gonzalez - Heartbeats

6. Norah Jones – Shoot the Moon

7. Benny Ibarra (ft. Lila Downs) - Calaveras

8. Wilco – How to Fight Loneliness

9. Joshua Radin – Winter



Argumento.

La película abre con un montaje dividido. Suena ‘Crucify my Love’, que satura la pantalla.

La cámara cuasi-tranquila contempla a un hombre que mira fijamente al piso, sentado en una banca verde. Al fondo un paisaje otoñal, con hojas en plena mudanza bailando con el viento, y personas que caminan por el parque que se encuentra detrás. El hombre revolotea sus propias manos y tiembla sus piernas para calmar una ansiedad sabida. Voltea de derecha a izquierda; mira fijamente a la cámara. Sonríe.

Se para de la banca, toma una mochila desgastada y comienza a caminar la acera que rodea al parque, gente pasa a su lado despreocupada; él, frío y cansado no parece notar su alrededor. Y aunque sigue su camino sin que nadie lo interfiera, se permite detenerse a mitad de la calle y contemplar por un instante largo a un vendedor de helados. Exhala.

Después de una travesía más o menos tranquila, la cámara lo contempla vista hormiga, mientras trata de cruzar la calle. Cuando el semáforo cambia a rojo el camina por las líneas amarillas de acceso peatonal, a paso más relajado. Y se detiene frente a la puerta cristalina de un banco. Entra.

Dentro del banco rápidamente se dirige a la caja más cercana, y de manera rápida, pero torpe saca una pistola y dispara contra el vidrio de la caja 6. Gritos ahogados y confusión embargan el ambiente, mientras el disfruta del caos que una insignificante bala puede causar. Inhala.
Un hombre baja de un carro plata de manera apresurada. Otro hombre baja del mismo carro y lo acompaña unos momentos. Hablan durante un minuto, de manera calmada, y hasta contenta. Hay un segundo de silencio y ellos lo toman con gracia. Uno le sonríe al otro y le toma la mano. Después solo lo besa de manera tierna pero marcada. Hasta que su compañero le da a entender que se tiene que ir.

El hombre camina y la cámara lo vigila de manera lateral. Vestido de manera formal, pero sin saco (se intuye el frío, incomprensible que lo haya olvidado) deambula errático pero feliz. Viene escuchando música y lleva una paleta en la boca. Mientras el fondo confuso pasa a través de él sin que lo note. Pisa un chicle, lo mira y pone los ojos en blanco y continua andando.

Revisa unos papeles mientras camina, y se detiene al llegar a su destino. Se mete al establecimiento, y hace fila inmediatamente, mientras se quita el auricular del ipod. La puerta se abre de manera inmediatamente y entra un hombre con una mochila.

Saca su celular (escribe un mensaje o eso parece) y sonríe como idiota. Mientras juega con su lengua, se escucha el primer disparo, y con un movimiento reflejo se hace para atrás y queda en cuclillas, no suelta el teléfono. La gente pavorida da gritos ahogados y todo se vuelve caos. El se aferra.
Pantalla en Negro. Termina la música.

La cámara abre, y contempla de manera detenida a un hombre con un chaleco azul. Bajo  la caja número seis se encuentra atendiendo a una señora de actitud perspicaz. Esta pasando productos de supermercado por el lector de códigos, lo hace de manera mecánica, no mira a nadie en particular: no esta ahí. Termina de pasar los códigos de la mujer alta y solemne.

-         Son seis cientos y ochenta y tres pesos con cincuenta centavos. ¿Gustaría redondear sus centavos? – dice frío y ausente.
-         Si joven, gracias – dice de manera amable.
-         ¿Enserio? ¿Le gustaría redondear sus centavos? – pregunta con interés en la platica
-         Claro que sí, son solo centavos joven… - y deja la duda.
-         No son solo centavos. Son más que eso. Y de todas maneras ¿Por que lo hace? Edgar. Ese podría ser mi nombre – dice confundido y con una verborrea impresionante – Y si le digo que mi mamá esta muriendo, preferiría ayudarme a mi ¿O a esos niños que ni siquiera esta segura que existen? – la mira desgastado – Perdón. ¿Desearía hacer una recarga para su celular? – termina amargo.
-         Es usted muy ilegible, joven ‘Edgar.’ – suelta tras un bufido inicial -  ¿Quién es su gerente? – pregunta cuasi inocente.
-         ¿Mi gerente? – una sonrisa se esboza de inmediato, al igual se borra.
-         Sí, tú gerente. – le responde de manera amable pero impaciente.
-         ¿Señora? ¿Seria usted tan amable de reportarme con él? – le pregunta confuso, emocionado, sobre todo suplicante.
-         ¿Reportarte?... – pregunta y lo mira con tristeza- ¿Qué te han hecho? – le toca el rostro, siente su dolor inconmensurable. Sus ojos se hacen rojizos, se sensibiliza.
-         Es él. El de chaleco verde, que esta por la caja dos. Se ve tan… - Inconclusa la frase por una sonrisa casi idiocia. La mujer se aleja tras recoger su tarjeta. Y se acerca al gerente de la tienda, charlan por un segundo. Edgar esta impaciente y se le ve emocionado, casi feliz. Cierra su caja, y hace desaparecer al cerillito que le acompañaba.

El gerente se acerca a Edgar y el esta con una sonrisa dibujada en su rostro ingenuo. El gerente parece confuso, aunque al momento aliviado. Se para justo donde hace un momento una clienta había sido desoladamente profanada.

-         ¿Qué paso Edgar? – pregunta y levanta su ceja de manera coqueta.
-         Nada. Solo, que estoy un poco… disperso – le sonríe, se ve que se esfuerza por agradarle. - ¿Me perdonas? – hace la pregunta enfatizando lo personal de ella.
-         Es la primera vez que pasa algo contigo, así que…
-         Así que me perdonas, Alex – su cara se vuelve un mapa, esta feliz, esta apunto de estallar de vergüenza, esta tímido y enojado.
-         ¿Te encuentras bien? – pregunta casi por obligación
-         Ya mejor… - le sonríe- muchas gracias – Alex atareado, se aleja de Edgar, y se funde entre el caos biográfico de personas que acuden al supermercado.

Edgar esta inmóvil, y una carcajada intenta escapar más sin embargo no lo logra. Se pone serio, fija su vista en un punto fijo, esta digiriendo todo lo que acaba de pasar. Y por un momento su cara se ilumina y sonríe de la manera más infantil y pura posible, mientras a su vez una lágrima discreta se resbala por su mejilla derecha. El mundo a su alredor no se detiene por él. Nunca lo ha hecho.

Se quita el chaleco azul y abandona su caja, mientras la cámara lo sigue al comedor del supermercado. Ahí hay solo mesas vacías, y Edgar, nada lento, se siente en una de ellas mientras sus pies quedan suspendidos en el aire. Y así, sin más, llora a pulmón abierto, pero sin hacer ruido, las manos le tiemblan, da golpes incesantes en la mesa, más que tristeza parece rabieta de niño. Esta gravemente herido. 
Pantalla en negro, escuchamos por un minuto los golpes y algunas lagrimas.


La toma abre de manera lenta. Contemplamos una cama individual. Edgar esta dormido, pero suena el celular. De manera adormilada contesta y se da cuenta que es su alarma.

Esta bañándose y masturbándose. Esta orinando en el retrete. Se lava las manos.

Desayuna un vaso con leche y un pan duro. La casa humilde esta quieta, todavía es de madrugada (¿Cinco o Seis?) y el esta igual de solo como en el día. Se escucha ruido. Un niño sale corriendo y pasa junto a Edgar. Sin notarlo.
La cámara contempla a un hombre de pelo negro y otro castaño durmiendo. Ambos sobre una cama matrimonial. El de pelo castaño se levanta de manera taciturna. Contempla a su novio y sonríe.

Se baña, lava los dientes y afeita de manera pulcra y ordenada.

Prepara dos desayunos. Se ve relajado y complacido mientras lo hace. Su sonrisa inquieta y perturba. Los pone sobre una mesita portátil y se los lleva de vuelta al cuarto minimalisticamente decorado.

Pantalla en Negro. Termina la música.                                               

Un hombre de pelo negro camina por la calle. De manera espontánea retrasa o apresura el paso. Como si alguien lo estuviera grabando y el lo estuviera entreteniendo. Se detiene en seco a la entrada de un parque. Con el sol apunto de caer. La cámara lo observa mientras se sienta en la barda de ladrillos que rodea al parque. Sopla el viento en varias direcciones. 

Mientras el cielo se vuelve rojizo y anaranjado, un hombre de traje se acerca caminando toda la acera de manera casual pero con la dirección marcándole. Y mientras camina el hombre de pelo castaño claro y de la sonrisa tierna, el hombre de pelo negro, sentado en la barda se limpia el sudor de las manos en sus vaqueros. Cuando el encuentro ocurre, los dos se ven de manera inocente, y se sonríen por algo más que mero formalismo.   

-         ¡Ey, extraño: Te pago quinientos pesos si me das el acostón de mi vida! – no le pregunta, le afirma y sentencia; el hombre de cabello más claro.
-         ¿Quinientos? No mijo, eso cobro por una mamada – le sonríe, sabiendo su perspicaz e inocente belleza e inteligencia. 
-         ¿A sí? Ni que fueras James Dean – le dice con un poco de vergüenza
-         James Dean no, algo mejor, pero esta bien te acepto el dinero, nomás porque te ves todo virgen; y eso no es nada bueno – dice de manera coqueta.
-         ¡Arre! Ya dijo mi batillo, Y ¿Cómo se llama? Si puedo saber  - lo dice con mirada cómplice.
-         Me llamo Eduardo, pero usted dígame como quiera – le sonríe con esa complicidad demostrada entre ellos.
-         ¡Ay Eduardo! Si mi novio se entera… - le dice sin más remedio
-         ¡Qué se entere! Por él no hay problema, bueno, eso me dijo… - le sonríe una ultima vez y se echan a reír como preescolares. Un beso tierno acaba las risas, se toman las manos y comienzan a andar. La cámara sigue fija donde antes estaban, un joven con capucha azul pasa por ahí y se detiene. Contempla el lugar, hay nostalgia en el aire improvisado.

Andrés y Eduardo están en el pasillo de un supermercado, con un carrito lleno de cosas, mientras los dos siguen viendo cereales en el corredor. Andrés elige por fin sus cereales. Y su acompañante lo mira y lo desaprueba.

-         Pero que chingados traes contra los Froot Loops, Eduardo – le dice de manera calmada
-         Nada, solo que ese pelicano no me da confianza – le contesta con una sonrisa mientras hace muecas exageradas.
-         Es un Tucán, imbecilisimo, pero tu que has de saber de animales si solo te interesan los números y los aviones – le dice como respuesta pero hay un poco de resentimiento en ella.
-         ¿Pero dices como? Sí me importan más cosas. Y una mierda que sea Tucán y no Pelicano, que para mi son lo mismo – añade con un dolo rejego. Su cara cambia, su expresión se endurece, sus ojos se vuelven más expresivos.
-         Ya no debemos seguir con esto, ¿Te apetece entonces Zucaritas? – pregunta de manera complaciente
-         ¿Zucaritas? O solo te estas haciendo la víctima – lo mira y luego vigila que no haya nadie en el pasillo.
-         Come lo que quieras, compra lo que quieras. Tú única pasión son los aviones, bueno ni eso: te parece muy de hombres construir motores para aviones ¿Verdad? Si no eres más que un niño con buena verga – le contesta ya con los ojos rojos. Mientras Eduardo cierra los ojos y los puños.
-         ¿Sabes? Siempre trato de ser el que se sacrifica por que hasta un punto me gusta ser ese en la relación. Pero… - resopla de manera densa luego lo mira y se acerca a él. Lo toma de la nuca y lo besa de manera atrabancada, sin precaución. Lo empuja hasta la estantería, y no le importa el golpe hueco que se escucha, solo lo sigue besando, tocando, sintiendo. Se separan.
-         ¿Lalo? – le dice con los ojos llorosos, lo mira y suelta un bufido. Camina por el pasillo. Eduardo solo lo contempla caminando.



Pantalla en Negro. Suena ‘Heartbeats

Edgar esta caminando por la calle mientras el sol se oculta. Lleva su chaleco azul en la mano y una mochila en el hombro. Se tropieza con Alex que va hacia el trabajo.

Se piden disculpas, se sonríen, y Alex continúa su ventura. Mientras Edgar lo mira hasta que desaparece por la puerta exclusiva para empleados.

Edgar sigue caminando, se le nota frío y triste. Se detiene un momento y saca una cajita de cartón de la mochila. La mira un instante y la tira en el pavimento. Espera el camión. Sigue esperando. 
Eduardo va corriendo por la calle y llega hasta donde esta Andrés. Están en aceras opuestas. Se miran y se hacen señas para que uno acompañe el otro; siempre tratando de ganar. Lalo cede.

Cruza la calle de manera torpe, un carro tiene que detenerse para darle el paso. Llega hasta donde su novio, cansado. Lo mira y le da un golpe cariñoso.

Y así tan espontáneo, se pone de rodillas y le saca un anillo de su bolsa derecha, Andrés solo lo mira con cara inocente. Le dedica una amplia sonrisa y Lalo lo levanta de la cadera por los aires.

Pantalla en Negro. Termina la música.

La cámara contempla la sala de una casa, música de fiesta inunda el sonido, envases de cervezas, ceniceros, cajetillas de cigarros y ornamentos demás decoran ésta. Edgar esta sentado junto a una mujer de su edad platicando y divirtiéndose.

-         No y espérate, después de eso llego la pinche vieja así, sin más y me dice: ¿Por qué chingados le andas tirando la tanga a mi novio? Y yo con cara de ‘puta madre, tenia novia’ – Suelta una carcajada sonora.
-         Oye, pero tú tienes imán de hombres con vieja ¿Qué no? – le sonríe divertido.
-         Y tu de de hombres que ni siquiera se fijan en ti ¿Qué no? – lo mira de manera ruda y luego trata de romper el momento tenso – Pero siempre tienes mejor gusto con los hombres que yo.
-         Ni le compongas, que es cierto. Pero sabes… ¿Te acuerdas del chavo que te conté? – espera el gesto de aprobación. – Creo que puede haber algo, esta vez, legal – le sonríe pero no la mira.
-         Nadie se merece más a alguien, que tú. – lo mira de otra manera, con desilusión, temor y con lastima, casi – Te lo juro.
-         No hace tiempo que yo deje de merecer cosas buenas – le dice resignado - ¡Oye! Necesito que me consigas el número del chavo de la otra fiesta. Él que bailo contigo. – le dice con la mirada perdida.   
-         No. Ni madres. No sé que quieras con él. Pero no – le dice tajante y lo mira aun con más preocupación.
-         Ando en problemas otra vez – le dice y la mira a los ojos.
-         ¿Tu mamá? – observa su reacción – Puta madre, que se muera de una vez. – le dice y lo mira con furia.
-         Por favor, consígueme ese número – le suplica una vez.
-         ¡Ay Edgar, ojalá y Dios te quisiera! Ese sádico retorcido – dice con resignación en su voz.
-         No metas a Dios en esto, que aunque a veces no se acuerde de mi, yo siempre me acuerdo de él. – le dice con una naturalidad abrumadora.
-         ¿Te acuerdas de él? Dios no se como ningún chavo quiere casarse contigo y jugar a la casita.  – le dice de manera relajada.
-         Por que me gusta ser infeliz. – le suelta su ultima risa amarga.

Pantalla en Negro. Suena ‘Shoot the moon

Edgar esta acostado en la cama, mientras el sol se cual por la ventana. Un hombre se esta vistiendo de manera rápida para no despertarlo. Edgar voltea y lo observa, el hombre se incomoda. Edgar se para y lo trata de abrazar. El hombre se aleja.

Edgar se voltea y cierra los ojos con una rabia desoladora. Se siente desolado, ha escogido mal otra vez. Siempre lo hace. Una lagrima escapa y Edgar suelta un grito ahogado. Esta hecho.
Lalo esta leyendo un libro en la sala y la puerta se abre: Andrés llega y deja las llaves en la mesa del pasillo. Se coloca detrás de su novio. Lo mira detenidamente un momento. Lalo no se da cuenta de presencia.

Le da la vuelta al sillón, y se empieza a quitar el saco, luego la corbata, luego la camisa. Lalo apenas si lo ve. Andrés lo trata de abrazar, lo trata de alcanzar, lo toma de la cara. Se ven. Dolor. 

Pantalla en Negro. Termina la canción.

Andrés esta contento. Eduardo no lo esta. La cámara los mira de frente a los dos: Andrés conduce el carro plateado de manera tranquila; mientras Eduardo solo hace muecas agitadas en su asiento mientra checa su teléfono de manera apresurada. Siguen andando la carretera, autos pasan y otros quedan tras ellos. De vez en vez Andrés se da el lujo de mirar a su novio, cuando lo hace sus ojos cambian, se entristecen; cuando Eduardo paga ese lujo es contrario el sentimiento: tiene un escape. Algo no esta bien. Algo no anda nada bien.

-           Detén el carro. Necesito orinar – lo dice Eduardo sin esa urgencia animal. Sin impulso.
-           Si en plena carretera; ¡Ahí hay una botella de refresco, Diviértete! – le dice de manera tranquila y relajada. Humorística.
-           Por favor detén el auto, ¡Por favor! Necesito salir – le dice con denotada piedad en su voz rustica.
-           ¿Qué te pasa? Sigues enfadado verdad. – lo voltea a ver por primera vez en la conversación. – Ya se te va a pasar. Para eso es este fin de semana.
-           Tu ni siquiera tratas de… ¡Detén el cabrón coche! – alza la voz de manera suplicante mientras los ademanes con las manos se intensifican y desesperan.
-           Espera a llegar a una gasolinera si en realidad quieres orinar. – le sentencia con recelo en la voz- ¿O no es eso?
-           Oríllate… ¡Oríllate ya! – lo mira con ternura, no hay enojo en su voz, más bien soledad. Andrés se orilla en la carretera, detiene el auto, más no lo apaga. Se queda inmóvil mientras Eduardo se baja del carro.
-           ¡Perdón! – susurra sin que Eduardo lo escuche.

La cámara sigue a Eduardo, se baja el cierre y comienza a orinar, y mientras lo hace suelta un grito desgarrado. Comienza a llorar del alma, ni un bebe suena tan puro. Andrés tiene los ojos húmedos, lo contempla desde el carro, se baja cuando ha pasado un poco de tiempo, rodea el carro y llega con su novio.  Lo trata de abrazar: el se resiste, no por el hecho de que sea él, sino por su derecho de llorar solo. Finalmente sede de manera neutral. Eduardo se derrumba a los pies de Andrés. El sonido del tráfico, el sonido de la naturaleza que acompaña a la carretera. Loso colores se saturan.

-       ¡Vámonos a casa! – dice Eduardo después de largo tiempo.
-       Ya estamos en ella – le sonríe y le seca la ultima lagrima.

Se suben al carro plateado, esperan un momento, se reincorporan al mundo substancial. El carro empieza a andar. La cámara contempla como se funden entre una masa metálica de automóviles. El viento sopla de manera árida, y levanta la suciedad de la carretera: a lo lejos un globo rojo pasa de manera volátil, la cámara observa como baila con el mundo: como se funde en él.

Pantalla en negro. Suena ‘Lille

Edgar esta sentado afuera del supermercado donde trabaja. Sus piernas dobladas y sus brazos que las abrazan imprimen el frío que siente. Esta esperando (¿El qué?). Se calienta las manos, mira a todos lados, observa su celular precario.

Alex sale de una puerta que esta a unos metros con un chico bien parecido. Edgar se para y se acerca a él. Lo saluda y lo llama en privado. Hablan un poco. Edgar se ve tranquilo.

Alex se va, Edgar esta contento. Sonríe como un niño. Camina por la acera con un caminar único. De vez se sube el pantalón que le va un poco flojo.

Cruza la calle, se tropieza con un niño (5 o 6 años) se pone en cuclillas y se pone a hablar con él. Se pone a chutar un balón de futbol con él.

Es Edgar, el balón, el niño, Alex. El viento sopla y de alguna manera todo esta bien. Sonríe.
Lalo y Andrés están en una casa vacía, mientras una señora les enseña el interior: ambos prestan minuciosa atención a lo que dice y a la casa. Voltean a todos lados. Se ven cómplices. Ambos están disfrutando la tensión de l señora: su incomodidad. Ríen.

Suben por la casa a las habitaciones superiores. La señora hace un esfuerzo por mostrar una sonrisa. Entran al dormitorio principal. Eduardo se tira en la cama; arrastra a Andrés.

Esta firmando un papel con la señora que los ha acompañado, ambos ríen. Se miran, se emocionan se enamora como la primara vez. Se besan.

Frente a la casa están llegan por primera vez, la mudanza ha llegado: lo único que les preocupa es quien cargara a quien para entrar a la casa: ya como un matrimonio, haciendo arte de manera ciega.

Se toman las manos. Todo valió la pena. Siempre lo ha valido. 



Pantalla en Negro. El sonido se desvanece.

 Edgar camina por el pasillo corto de su casa, y llega al marco de la puerta. Observa detenidamente la cama desgastada, la mesa improvisada. En la cama esta su mamá durmiendo, la contempla de manera cariñosa, la quiera, por sobre todas las cosas. Le inspira ternura, luego tristeza. Recorre el camino que  lo lleva a la salida de la casa, y recorre la desolada calle en la cual vive. Llega a un teléfono de monedas, lo descuelga, marca.

-       ¿Bueno? – pregunta de manera nerviosa
-       Hola ¿Te acuerdas de mí? Soy Edgar, el ‘trompo’ – le dice con se carisma que lo caracteriza.
-       Si, ajá. Oye te habla para confirmarte lo del otro día – le dice lo más natural posible.
-       Oye y ¿No hay problema verdad? – pregunta ingenuo.
-       Bueno, yo paso a tu casa mañana entonces, como a las nueve ¿OK? – espera la respuesta, el nerviosismo se ha ido, solo que tristeza.
-       Bueno, nos estamos viendo. Saludos – cuelga de manera inmediata.

Espera unos momentos, contiene la tristeza unos segundos, se esfuerza por sonreír. Busca más cambio en su pantalón. Controla sus emociones. Saca el cambio, descuelga el teléfono y deposita las monedas. Espera unos segundos.

-       ¿Alex? Soy yo Edgar – le confirma con una confianza muy rara en el.
-       Si me lo dio Lourdes. Ajá. – vuelve a tratar de sonar convincente.
-       Oye me preguntaba si ¿Te apetece mejor hablar en un café? – Le pregunta ahora con más inocencia.
-       ¿Ubicas el boulevard María Morelos? Si, ajá, en ese café. – le dice ahora de manera mas enamoradiza.
-       ¿Va a ir? Pero…  - sopla aire y se controla.
-       ¿no te apetece ir solo? Es que, vamos que lo que quiero decirte… bueno y todo – le comenta ahora de manera triste.
-       OK. Ahí los espero. Adiós – Sus ojos están rojos. Esta deshecho. Cuelga el teléfono y luego lo golpea una y otra vez mientras su cuerpo se sacude de manera brutal. Grita como infante, desgarra su garganta. Se deja ir. No vuelve.

Pantalla en Negro. Suena ‘Winter

Edgar esta pasando códigos de barras en su caja. Aburrido. De pronto un joven pasa y lo cautiva.

Edgar se acerca, deja a al clienta, le habla por primera vez. Le sonríe como nunca a nadie.

Platican un momento breve. El gerente llega y lo regaña. El solo sabe sonreír. No conoce el dolor. No tiene ni idea.
Andrés recorre los pasillos de una biblioteca. Encuentra un libro. Lo toma, se va sentar. Lee.

U joven se sienta a su lado. Ambos se miran discretamente, con un toque de pena.

Ignoran el libro. Comienzan a hablar. Comienzan a mirarse, de pronto una chispa. No hay vuelta atrás.

Pantalla en Negro. Termina la canción.
Andrés abre la puerta de su casa y entra de manera súbita. Se sabe cómodo y fresco. Entra por el pasillo y se sigue a la cocina. Ahí esta Lalo, preparándose un sándwich y bebiendo leche. Andrés lo abraza por detrás, le besa el cuello. Le sonríe enamorado. Eduardo voltea y lo besa de manera fugaz. Se separa de él. No esta cómodo. Nunca lo esta. Sigue preparando su merienda.

Andrés sale de la cocina y sube al cuarto, se desviste y se pone un pantalón de pijama. Baja con solo una playera d tirantes y su pantalón y sale a la calle no sin antes agarrar un cojín.  Se sienta en el umbral de la acera, solo y oscuro.

Muerde el cojín, hace una rabieta, nadie lo oye: no quiere ser escuchado. Llora en silencio. Muerto por dentro, desecho por fuera. Escucha pasos. Se quita el cojín. Se trata de incorporar a la situación. Lo esta logrando, aunque flaquea un poco. Los pasos se acercan, entre la espesura de la soledad sale un joven bien parecido, pero tímido. Ambos se miran con desconcierto, (¿Quién es quien?).

El joven se acerca a Andrés. Se miran con asombro y curiosidad. Fruncen el ceño, abren los ojos, bostezan, todo es tan irreal, no es nada normal, no es nada incomodo. El joven se quita los audífonos. Le ofrece uno de ellos, y Andrés lo acepta por mera cortesía.  Se miran fijamente, el joven se sienta a su lado.

-       ¿Estas bien? – pregunta el joven a Andrés.
-       Sí, bien. Gracias. – le responde tranquilo y verdadero. - ¿Y tu?
-       No, no lo estoy. Gracias- le responde de la manera más sincera que puede.
-       Mi novio esta preparando un sándwich ¿Gustas? – le ofrece de manera no soberbia, sino servicial.
-       ¿Un sándwich? Entonces no es tu novio, ya deben de estar casados. – y le regala la única sonrisa de la noche.
-       ¿Por qué lo dices? – pregunta curioso.
-       Cuando uno se enamora se esfuerza por amar a la otra persona, con el tiempo ese amor se gana. Pero llega un momento donde el amor queda atrapado. En una jaula. Es entonces cuando las parejas deciden casarse, para de vez en cuando liberar ese amor. Y sentirse libres: aunque sea por un momento – le dice de manera tranquila y tratando de darse a entender.
-       ¿Y por que es tan importante que ese amor se enjaule? ¿Por qué solo sentirnos libres un momento y no una vida? – pregunta de manera sorpresiva.
-       El ser humano no sabría que hacer con tanta libertad.  Con tanto amor. Con tanta belleza – lo mira de manera hipnótica – El amor es la forma mas fácil de vivir y sentirnos vivos. Pero a veces, solo a veces, debemos ser traicioneros en ese amor.
-       ¿Cómo te llamas? – le pregunta de manera confusa.
-       Edgar  Medina – le devuelve la respuesta.
-       ¿Le quieres? – pregunta una vez más.
-       Con toda el alma. – le responde – Si no, no se siente amor. – se para de manera inmediata. Le devuelve una última sonrisa. Y sigue caminado. Andrés se queda ahí un momento y luego vuelve a su casa. Entra y mira a Lalo viendo televisión. Se sienta a su lado, coloca el cojín donde debería ir, lo toma de la mano y solloza en su hombro.



Pantalla en negro. Suena ‘Colorblind

La cámara cuasi-tranquila contempla a un hombre que mira fijamente al piso, sentado en una banca verde. Al fondo un paisaje otoñal, con hojas en plena mudanza bailando con el viento, y personas que caminan por el parque que se encuentra detrás. El hombre revolotea sus propias manos y tiembla sus piernas para calmar una ansiedad sabida. Voltea de derecha a izquierda; mira fijamente a la cámara. Sonríe.

Se para de la banca, toma una mochila desgastada y comienza a caminar la acera que rodea al parque, gente pasa a su lado despreocupada; él, frío y cansado no parece notar su alrededor. Y aunque sigue su camino sin que nadie lo interfiera, se permite detenerse a mitad de la calle y contemplar por un instante largo a un vendedor de helados. Exhala.

Después de una travesía más o menos tranquila, la cámara lo contempla vista hormiga, mientras trata de cruzar la calle. Cuando el semáforo cambia a rojo el camina por las líneas amarillas de acceso peatonal, a paso más relajado. Y se detiene frente a la puerta cristalina de un banco. Entra.

Dentro del banco rápidamente se dirige a la caja más cercana. Mete su mano en la mochila y la deja ahí por un momento dirige su mirada a los todos clientes que esperan a ser atendidos. Mira a la mujer, que detrás del mostrador cuanta billetes a una velocidad impresionante. Inhala y después exhala. Saca la mano de la mochila. Se dirige a la salida del banco. Echa un último vistazo y sale del banco.

Camina por la calle de manera especial, y contempla el mundo a sus pies, como siempre ha sido: como siempre será.

Un hombre baja de un carro plata de manera apresurada. Otro hombre baja del mismo carro y lo acompaña unos momentos. Hablan durante un minuto, de manera calmada, y hasta contenta. Hay un segundo de silencio y ellos lo toman con gracia. Uno le sonríe al otro y le toma la mano. Después solo lo besa de manera tierna pero marcada. Hasta que su compañero le da a entender que se tiene que ir.

El hombre camina y la cámara lo vigila de manera lateral. Vestido de manera formal, pero sin saco (se intuye el frío, incomprensible que lo haya olvidado) deambula errático pero feliz. Viene escuchando música y lleva una paleta en la boca. Mientras el fondo confuso pasa a través de él sin que lo note. Pisa un chicle, lo mira y pone los ojos en blanco y continua andando.

Revisa unos papeles mientras camina, y se detiene al llegar a su destino. Se mete al establecimiento, y hace fila inmediatamente, mientras se quita el auricular del ipod. La puerta se abre de manera inmediatamente y entra un hombre con una mochila.

Saca su celular (escribe un mensaje o eso parece) y sonríe como idiota. Mientras juega con su lengua, al hombre de adelante se le caen unos papeles y el los recoge, se miran detenidamente, le cambia el rostro, la mira con resentimiento: el con odio. Es incomodo el momento no saben que hacer. Ambos ignoran la existencia del otro. Siguen sus vidas de la misma manera, y contemplan a la cajera.

Recibe un mensaje, sonríe cómplice mientras lo lee. Espera su turno, seguirá esperando. Ni importa.

Pantalla en Negro. Comienzan los Títulos de Crédito. Suena ‘Calaveras’ durante ellos.

Notas del director.

1.      Cuando la pantalla es doble: La fotografía es exagerada, y el montaje es acelerado. Parecen más videoclips que película.
2.      La Obra se presenta sin orden ni sentido se deja al espectador darle un orden a esta, o a no dárselo.
3.      Las canciones son especificadas en la Obra. Counting Crows (Instrumental Cover) es usada durante el resto de la película, de manera sutil. Casi siempre al final de las escenas; antes de un montaje doble.
4.      La Fotografía General es lo más natural posible, predominando luces azules y verdes; tonos fríos.

6 Responses so far.

  1. daniel says:

    Pues, es una obra bastante misteriosa en su propuesta, explora el amor de una manera peculiar. El reparto está bien, la seleccion musical mucho más. Se nota un bien cuidado estético en los detalles de las escenas, muy bien logradas...
    Lo negativo puede caer en lo poco comprensible que puede ser la trama, acompañado a esto a que no se le da un orden específico a las escenas, lo que puede llegar a confundir. Con todo, es una gran obra.

    Saludos! y Felicidades!

  2. Lo más interesante de esta obra es la manera en la que esta contada. La manera en la que esta escrita ademas transmite facilmente esos sentimientos que los personajes deben expresar. Creo que el acertado uso de la música y la seleccion de actores hacen que todo conjugue y funcione de la menera más perfecta. Muy buena obra!!

  3. Jorgee says:

    Una obra muy interesante se podría decir?... Me gustó la forma como la cuentas... Pero igual que Daniel, me quedé un poco confundido... el elenco está muy bien, al igual que la música... Y hubieron muchos comentarios que me gustaron mucho, como ese de "¡Ay Edgar, ojalá y Dios te quisiera!"... Muy bueno jeje

    Felicidades! XD

  4. Pabela says:

    Concuerdo en que la estructura de cómo está contada es lo más interesante de la obra, aunque soy honesta de que tengo la necesidad de leerla de nuevo porque no me queda muy en claro sobretodo el final. La selección musical, estupenda! Habrá varias nominaciones seguramente.

  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.
  6. Compatriota, jejeje, no puedo decir que me ha quedado claro el sentido de la obra, que quizá sea posible con una segunda lectura. Pero si tomamos separadas las escenas, son excelentes y geniales piezas de un puzzle, cuyo resultado final podría desembocar en una magnífica obra, pero que también echar por tierra la grandeza visual y la genialidad de los diálogos; así que prefiero quedarme con ese posible desarrollo, con la aplicación musical, y con los personajes. Saludos!

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