GALA DEL DB5: 11/02/11

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España: 1Hs (12/2)
Posted by DB5 | miércoles, 19 de enero de 2011 | 3 comentarios

Título: Hypnos

Director: Alvaro Casalino

Género: Animación/ Fantasía/ Aventura/ Acción

Clasificación: Mayores de 13 años: Violencia, fantasía

Elenco: Voces de
Cantica Untaru (Diana)
Fenrir (Aaron Eckhart)
Kekeyi (Catherine Zeta-Jones)
Ángela (Ivanna Baquero)
Amón (Daniel Day Lewis)
Zig (Ian McKellen)
Erin (Ryan Ochoa)
Rhin (Lee Pace)
Marú (Daniel Craig)
Adramalech (Edward Norton)




Música:

James Newton-Howard- The Healing:


Brian Tyler y Klaus Badelt- The Balance:

Yokko Kanno- Memory of Fanelia:

Brian Tyler y Klaus Badelt-Destiny:

James Newton-Howard- Ouverture:

Valse de la Lune- Ilaria Graziano:

Sergei Sergeyevich Prokofiev: The Battle On The Ice (A):

Go to Rakuen-Yokko Kanno:

Call Me, Call Me- Steve Comte:

Wunderkind- Alanis Morisette:

Lunar Lullaby-Yokko Kanno:




Argumento:


Tras los créditos iniciales durante los cuales se escucha “The Healing”, la silueta de lo que parece ser un gigantesco lobo negro se yergue en medio de los árboles de un bosque cubierto de bruma.
El lobo desaparece, pero varios aullidos se oyen a la distancia, mientras que la brillante luna llena alumbra la oscuridad del cielo, los bosques, las montañas…

Una niña de cabellos plateados está parada a las orillas de un río. Sobre la superficie de las aguas está un extraño personaje, vestido con una túnica y con el rostro cubierto.

Este personaje camina en dirección a la niña, y unas alas brotan de su espalda: Estas alas son plateadas, al igual que los cabellos de la niña, y todas las tinieblas se disipan.
Una voz pronuncia el nombre de Diana desde la distancia; esta voz es como un eco lejano, que se repite varias veces, hasta que, la misma niña de la escena anterior (Pero cuyos cabellos ahora son de color negro) despierta. Toda la escena anterior ha sido un sueño.

-Despierta, Diana- dice una niña de vestido oscuro, un poco mayor que Diana, la protagonista, la cual aún permanece echada sobre un pequeño catre-Ya sabes cómo se pondrá la señora Tisdale se pondrá si no estamos en el comedor antes de que se sirve el desayuno…
-Ya voy,  Ángela…
Las dos niñas bajan a la planta inferior del edificio en donde viven, un viejo caserón convertido en un orfelinato. En la planta inferior, los otros niños están reunidos en la mesa, haciendo sus oraciones antes de comer. Sigilosamente, Diana y Ángela se escabullen hasta sus respectivos asientos, aprovechando la aparente distracción de la señora Tisdale, una severa mujer de expresión adusta-

-¿Qué están haciendo bajo la mesa, niñas?- pregunta uno de los chicos, torpemente, y este comentario llama la atención de la señora Tisdale, que descubre a las dos niñas.
La escena siguiente tiene lugar en la oscura oficina de la institutriz, en donde está colgado el retrato de un señor muy viejo, posiblemente el antiguo dueño de aquel caserón.

-Ninguna de ustedes tiene un respeto por las reglas de esta casa… ¿Preferirían acaso que volver a la calle, niñas malcriadas?- les reprocha la señora Tisdale
-Lo sentimos, señora Tisdale…- responde Ángela-Lo que pasó fue… (Ángela se vuelve hacia Diana, y se da cuenta de lo asustado de su expresión, así que decide excusarse en nombre de las dos- Fue mi culpa. Yo…Me quedé dormida…

-La próxima vez no aceptaré ninguna de sus excusas… ¡Qué no se vuelva a repetir esta clase de situaciones!

En el patio de la casa, los niños juegan alegremente. Diana y Ángela están sentadas en uno de los juegos. Diana le cuenta a Ángela acerca del sueño que tuvo aquella noche, más la otra niña permanece indiferente ante las cosas que la pequeña Diana le cuenta maravillada.

-Son sólo sueños, Diana…Nada de eso es real…-dice Ángela con un toque de amargura- Y nada de eso tiene que ver con nosotras.

-Pero…- insiste Diana- Yo sentí como sí todo lo que vi durante mi sueño era algo muy real…

Un grupo de chicos se reúnen en torno a Tom, un muchacho pecoso con fama de ser un buscaproblemas. Este sostiene en sus manos un afiche, en el cual se anuncia la llegada de un circo ambulante a la ciudad, el cual sólo estará por unos cuantos días más.
Tom piensa ir a una de las funciones de ese circo, aún sin la autorización de la señora Tisdale. De forma que elabora un plan para escaparse del orfelinato durante la noche. A pesar de las advertencias de Ángela, Diana quiere ir a la función del circo, cosa que enoja a mucho a su amiga.

-¡Como si ya no tuviéramos suficientes problemas!

Con todo, y a fin de que verificar que nada malo le pase a la pequeña Diana, Ángela acompaña a Tom y a los demás chicos en su escapa nocturna al circo, para lo cual esperan hasta el anochecer, momento en el cual los niños abandonan el orfelinato, a través de una abertura en los muros, preparada por Tom unos cuantos días atrás.

Es así como empieza su recorrido a través de una ciudad tenebrosa, en la cual parecen mezclarse elementos de las construcciones de la época Victoriana con algunas invenciones modernas, como radios y automóviles.

Los niños se suben a la parte trasera de un camión, y de esa forma pueden llegar hasta el lugar en donde se realizan las funciones circenses.
Gentes de toda clase y estrato social están reunidas en la entrada del circo, cuyos colores y esplendor destacan en medio del ambiente tenebroso en el que se encuentra.

A los ojos de Diana, algunas de estas personas tienen un aspecto muy extraño, casi no humano, por lo que la niña se asusta y se abraza a Ángela, la cual le aconseja no separarse de ella.
Un personaje llama la atención de Diana: Un hombre alto, con un largo abrigo negro, que parece mirarla fijamente. Sin embargo, no bien Diana alza la vista nuevamente en dirección hacia esa persona, esta desaparece, como si nunca hubiera estado allí.

Aunque los niños no tienen dinero, Tom se las ingenia para que tanto él como sus compañeros puedan ingresar a la carpa del circo, aprovechando una distracción de los guardias, a causa de un “accidental” (En realidad, causado por Tom) tropiezo de unas gordas señoras en la taquilla.

Dentro de la carpa, reina la oscuridad, pero muy pronto, las luces son encendidas, y un maestro de ceremonias vestido como un payaso se dirige al público de la siguiente forma:
-¡Señoras y señores, sean ustedes bienvenidos a esta, la función de nuestro circo! ¡Esperamos de todo corazón que los actos que a van a presenciar sean de su agrado, y aviven la llama de vuestra imaginación y sueños por el resto de sus vidas!

Mientras habla, numerosas figuras con aspecto de animal van materializándose alrededor del maestro de ceremonias: Algunas de estas son tan grandes como los elefantes, aunque su aspecto es muy distinto: Algunos de estos seres parecen ciervos, lobos o incluso osos gigantes, los cuales se dirigen hacia el público e interactúan con ellos.
Una de estas ilusiones, con forma de lobo de pelaje plateado, va hasta Diana y los niños, y los invita a formar parte de la función.
El maestro de ceremonias no parece inmutarse con la participación de los niños, sino que tanto él como los demás magos encargados de preparar las ilusiones continúan con su acto, con toda normalidad.

Sin embargo, hay una persona en el público al cual este hecho para haber llamado profundamente su atención: Un hombre de rasgos fríos, como una estatua de mármol, que mira fijamente a Diana

Al término de la función, los niños se apresuran en abandonar el circo, a fin de no ser descubiertos, para tristeza de Diana, quien estaba divirtiéndose mucho más que los otros.

El hombre que observaba a Diana durante la función golpea el suelo con su bastón y musita, en voz baja:
-Es ella…La Hija de la Luna…No pensé que este día llegaría tan pronto…

El mismo punto en donde el hombre golpea con su bastón, se extiende una enorme sombra de aspecto monstruoso.

-¿En qué puedo servirle, Maestro Amón?

-Esos niños…Síguelos y hazte cargo de ellos…No permitas que ninguno de ellos sobreviva a esta noche…

-Así será, mi señor Amón…

La sombra sigue a los niños hasta el viejo caserón, en donde estos son descubiertos por la señora Tisdale, la cual se enfurece y los castiga. Aunque Ángela quiere salir en defensa de Diana, la institutriz está tan molesta que no escucha sus razones, y les encierra en diferentes habitaciones, cuartos de castigo separados unos de otros, en donde deberán permanecer hasta que la mujer haya decidido que es lo que hará con ellos.

Encerrada en el cuarto de castigo, Diana llora hasta quedarse dormida, sin percatarse de la sombra que les ha estado siguiendo desde que dejaron la carpa del circo. Durante la madrugada, esta sombra crece hasta convertirse en un ser horrible y monstruoso, semejante a un leopardo negro con alas de murciélago, el cual se prepara para matar a los niños mientras duermen.

Sin embargo, justo en el mismo momento en el cual esta horrible bestia entra en la habitación de la niña, en ese mismo instante irrumpen en el caserón tres gigantescos lobos: Uno plateado, otro negro, y un tercero de color escarlata, los cuales salvan a Diana de una muerte segura, rescatándola de aquel monstruo, el cual identifican como Simurgh, uno de los servidores de Amon, el Demonio que retó a los dioses en los días antiguos.

La aparición de estos seres arma un tremendo alboroto en el orfelinato, y nadie puede dar crédito a sus ojos. Sin embargo, uno de los lobos, de color negro, identifica a Diana como una “Hija de la Luna”, y se la lleva en su lomo, luego de advertirle que su vida corre un gran  peligro.

Este hecho no puede ser impedido por Ángela, quien aún permanece encerrada en una habitación aparte del caserón, y no puede sino observar como la pequeña Diana se aleja del orfelinato, montado en aquel lobo negro.

Sin embargo, Simurgh no se da por vencido, sino que derriba la pared de la habitación de Diana, ante los espantados ojos de los niños y la señora Tisdale.

El monstruo con forma de leopardo va detrás del lobo negro, y le muerde una de sus patas, pero entonces intervienen los otros dos lobos, los cuales derriban al perseguidor.

-¿Estás bien?- pregunta el lobo plateado al lobo negro, el cual responde afirmativamente.

-¡Ustedes dos!- ordena el lobo escarlata al Lobo Negro y a Diana- ¡Váyanse de aquí ahora mismo! ¡Nosotros nos encargaremos de ese demonio!

Mientras el lobo negro se aleja, la niña vuelve el rostro, sólo para ver como los otros dos lobos se enfrentan al monstruoso Simurgh.

-¿Qué está pasando?- pregunta la pequeña Diana.

-No hay tiempo que perder…Los sirvientes de Amón estarán pronto en este lugar…

Así es como, a lomos de aquel lobo negro, la niña abandona la ciudad, llegando así a un esplendoroso bosque de hojas de color plateado.
La luna llena brilla en lo alto del Cielo, mientras varios lobos aúllan a la distancia. El lobo negro responde a sus aullidos con otro aullido, más fuerte e intenso que los anteriores.

Sin embargo, el lobo debe detenerse. La herida que tiene en una de sus patas traseras ha crecido, por la que niña se baja de su lomo.

-Ese monstruo te ha hecho una herida muy grave… ¿Cómo has podido hacer semejante recorrido?- pregunta Diana, desconcertada, y rasgando una de las mangas de su abrigo, improvisa un vendaje para el lobo negro.

Este clava sus ojos fríos y azules en la niña, la cual, al ver su rostro reflejado en estos, recuerda al hombre del abrigo negro que vio en la ciudad, por lo que retrocede, asustada.

-¿Quién eres tú?- pregunta la muchacha, presa del desconcierto.

El lobo se incorpora levemente: Su apariencia cambia en un pestañeo, de forma que ahora es el hombre del abrigo negro. Pero la expresión de sus ojos es la misma, mientras que en su brazo izquierdo puede verse el vendaje preparado por Diane.

-Mi nombre es Fenrir- explica el hombre del abrigo negro- Yo soy uno de los Hijos de la Luna…
-¿Hijos de la Luna?- pregunta Diana

-Nosotros somos los servidores de los dioses, desde Tiempos Inmemorables… Las hadas, elfos, brujas y espíritus en los cuales los hombres han dejado de creer siguen existiendo por medio de los sueños, y la ilusión de unos pocos…Esperando hasta el momento en el cual nuestro dios, Hypnos, despierte de su sueño de milenios, y deshaga la terrible oscuridad que se está apoderando del mundo…

El amanecer trae algo de luz a aquel paisaje irreal, reflejando sus rayos en los troncos y las hojas de los árboles, los cuales resplandecen, cubiertos de rocío. Pequeñas criaturas de forma vagamente humanoide, con alas como las de las libélulas, revolotean entre las ramas.

Mientras caminan a través del bosque, Fenrir va contándole a la pequeña Diana quien es, y porque vino por ella:

-Hace mucho tiempo, este mundo fue poblado por muchos dioses y espíritus…Pero los demonios, quienes odiaban a los mundos, y querían por cualquier medio destruirlos, entablaron una guerra con los dioses, por ser estos sus protectores. (La historia descrita por Fenrir se narra por medio de figuras en stop-motion, de manera semejante al prólogo de la segunda parte de Hellboy) Al final, sólo quedaron el dios Hypnos y el dios de los demonios, Amón, entablándose entre los dos un violento enfrentamiento, que casi trajo el fin del mundo…De alguna forma, Hypnos se las arregló para encerrar a Amón dentro de una prisión mágica, con lo que mundo estuvo a salvo, pero el dios Hypnos se quedó profundamente dormido, como muerto, en las heladas regiones al fin del mundo…

Sin un dios que los protegiera, los hijos de la Luna tuvieron que vivir aparte de los seres humanos, los cuales alcanzaron un gran progreso y prosperidad durante siglos…

-Sin embargo- añade Fenrir, con voz lúgubre- No todos los demonios habían muerto durante la guerra…Algunos de los seguidores de Amón lograron liberarlo de su prisión, aunque este había quedado bastante disminuido (Mientras Fenrir cuenta esto, se muestra en la pantalla la sombre de un grotesco ser, semejante a serpiente)  Amón había perdido gran parte de su fuerza, y aunque intentaron  restaurar su poder por medio de varios sacrificios humanos, los seguidores de Amón no consiguieron que este recuperase el mismo poder que había tenido en los Tiempos Antiguos.

(En este punto de la narración, las imágenes mostradas son como en el resto de la película) Amón asumió una apariencia humana, a fin de no despertar de las sospechas de los demás habitantes de este mundo…Incluso logró engañar por un buen tiempo a los Hijos de la Luna, a los cuales este demonio les hizo mucho daño, ordenando la destrucción de sus hogares, los bosques y colinas, por medio de sus máquinas infernales. Fue así como se instauró entre los hombres una era de oscuridad, un tiempo en donde los seres humanos volviéndose cada vez más fríos y crueles…De esa forma es como Amón espera llevarlos a su perdición y su muerte, puesto que, si todos los bosques son destruidos, y si todos los Hijos de la Luna mueren, entonces, no habrá nadie que proteja a los humanos, y el mundo quedará a merced de los demonios.

El lobo y la niña llegan hasta un gigantesco árbol, en cuyo tronco puede verse la marca dejada por las garras de un oso.

-Aquí estaremos a salvo, por ahora…- dice Fenrir, sentándose al pie de un frondoso roble- Estos bosques son los dominios de Marú, el rey de los Osos Gigantes, los cuales también veneran a los dioses antiguos…Tenemos que llegar hasta ellos, para que nos ayuden en nuestra batalla…Una nueva guerra pronto comenzará, y necesitamos toda la ayuda posible…

-Pero…- responde Diana-No me has dicho que tengo que ver yo en todo esto… ¿Por qué ese monstruo intentó matarme la otra noche?

Fenrir no llega a responder. Se ha quedado dormido. Diana se sienta a su lado, sin saber qué hacer. Mira a los alrededores, sin saber que esperar. Los cantos de varias aves suenan desde diversas partes, pero ya no se escucha ningún aullido de lobos.

La niña agacha la cabeza. Su expresión es triste, preocupada, incapaz de entender en la situación en la que se encuentra.

-Ángela...-Musita la niña, con preocupación- Ojala que ella esté bien…

Diana se queda profundamente dormida. Mientras duerme, sueña una vez más con el misterioso personaje alado. Sin embargo, esta vez la ambientación es completamente diferente: Esta en una especie de palacio con paredes de cristal, en la cual la niña puede ver reflejado su rostro un millar de veces en las pulidas paredes de aquel extraño recinto.

El personaje alado desaparece de un momento a otro: En su lugar, Diana tiene frente a sí a una inmensa puerta de piedra, en la cual se encuentran talladas una serie de figuras, de carácter mitológico.

De un momento a otro, la puerta se abre, pero en el interior de esta, sólo puede verse una profunda oscuridad, de modo que Diana no se atreve a traspasarla.
Sin embargo, una extraña voz, que parece la unión de varias voces al mismo tiempo, comienza a llamar a Diana, una y otra vez, por lo que la niña retrocede asustada, pero cuando se da la media vuelta, preparándose para huir, se encuentra con el terrible monstruo que atacó el orfelinato. En ese momento Diana despierta. Cerca de ella, está Fenrir, en su forma humana, mirándola fijamente. La luz de la escena indica que  ya es casi de noche nuevamente.

Diana: No puede ser… ¿Dormí todo el día?

Fenrir: (Ayudándola a levantarse) Ven…Tenemos mucho camino que recorrer todavía…

Diana: Pero…No entiendo bien lo que está ocurriendo…No me has dicho aún qué relación tengo yo con los hijos de la luna…

Fenrir sonríe débilmente, y tomando a la pequeña de la mano, le dice:

-Tú eres una de nosotros, Diana…Una hija de la Luna…

Esta revelación toma por sorpresa a Diana, la cual no puede creer lo que Fenrir le está diciendo. Sin embargo, este le invita a recordar a sus padres: Por medio de un flashbacks, la pequeña le cuenta al lobo que sus padres murieron durante la guerra, poco tiempo después de su nacimiento. Ella no posee más que un vago recuerdo de ellos, por lo que Fenrir le indica que uno de sus padres era una criatura mágica que se hacía pasar por un ser humano.

-Pero eso no puede ser…Yo soy humana…
-Una parte de ti lo es…Pero una parte de ti está conectada a nuestro mundo, ya sea a través de sueños, o pensamientos…De alguna forma, Hypnos, nuestro dios, se comunica contigo, por medio de tus sueños…Y el demonio Amón debió haber captado esos sueños, por lo que intentó matarte…Es por ello que no puedes volver al lugar en donde habitan los humanos…Si lo haces, los sirvientes de Hypnos, te rastrearán, y morirás…

-¿Qué? ¿Quiere decir…? ¿Qué no volveré a ver a ninguno de mis amigos, ni siquiera a Ángela?

Esto es demasiado para la pequeña, la cual comienza a sollozar en voz baja, y no quiere dar un paso más, por lo que Fenrir suspira, y sin decir palabra alguna, permanece al lado de la muchacha, esperando a que este deje de llorar.

En la escena siguiente, Fenrir, en su forma humana, lleva a la niña cargada a sus espaldas, la cual sigue manteniendo una expresión triste y cabizbaja en su rostro.
Algunas hojas secas comienzan a caer de los árboles, y son arrastradas por el viento, por lo que Fenrir comenta que muy pronto llegara el invierno, comentario que Diana no es capaz de entender claramente.

Al anochecer, Diana y Fenrir llegan a una parte del bosque en donde se erigen unas enormes ruinas de lo que parece ser un viejo castillo. En ese lugar, está encendida una enorme fogata, alrededor de la cual están sentadas varias personas de aspecto extraño, aunque Fenrir las reconoce como otros Hijos de la Luna, haciéndose pasar por humanos.
Uno de estos, el más viejo, reconoce a Fenrir como uno de sus camaradas lobos, y le invita a sentarse junto a ellos. Este lobo se llama Zig, y cuando este le pregunta por Diana, Fenrir simplemente la hace pasar como su hija.

Un niño pecoso, sentado al lado de la fogata la mira con recelo, y exclama, en un tono un tanto atrevido:

-A mí no me parece que seas un lobo… ¡De hecho no me parece que seas ninguna clase de animal!- dice el niño, y luego hace unos extraños ruidos, semejantes a gruñidos, que asustan a Diana.

-¡Cállate, niño tonto!- le dice el viejo lobo Zig, el cual luego se dirige a Fenrir y a Diana- Perdónenlo…Mi nieto, Erin, es todavía muy joven, y aún no ha aprendido las normas del respeto y la consideración hacia los otros (El niño le hace una mueca burlona, mientras habla) Hace mucho que no te veía, Fenrir… ¿Qué es lo que estás haciendo en este sitio?

Fenrir inventa una excusa, bastante poco creíble, pero Zig no parece dudar de esta; el viejo lobo les cuenta que todos los animales que se encuentran refugiados en el castillo tuvieron que huir de los bosques en los cuales habitaban, puesto que estos fueron destruidos, por unas máquinas terribles.

-Cada día es más difícil para los Hijos de la Luna convivir con los humanos…La naturaleza y los dioses del pasado no cuentan con el mismo respeto de antaño…

Una hermosa gitana, llamada Rosa, baila alrededor de la fogata. Mientras danza, las chispas y el humo que brotan del fuego parecen formar una secuencia de imágenes: Diana es capaz de verlas nítidamente, como una serie de recuerdos de los animales refugiados en aquellas ruinas de su vida en los bosques, en donde vivían felices y tranquilos, adorando a su dios Hypnos, hasta el momento en el cual llegan unas gigantescas máquinas, las cuales no se parecen a ninguna que Diana conozca, sino que se asemejan a criaturas monstruosas, unos escorpiones mecánicos, de cuyas bocas salen inmensas llamaradas.

Y, comandando toda aquella destrucción, se encuentra el mismo hombre que ordenó la muerte de Diana en la ciudad, con la misma expresión indiferente de las escenas anteriores…Sin embargo, sus ojos se tornan de color rojo vivo, como brasas ardientes.

Al término de esta visión, la gitana deja de danzar, y se queda inmóvil, como si estuviera en estado de alerta.

-¿Qué es lo que ocurre?- pregunta Zig- ¿Por qué has dejado de bailar, Rose?

Con voz trémula, la gitana responde que un demonio ha entrado al bosque en donde ellos están refugiados, y advierte que deben huir cuanto antes.

Antes de que los animales puedan reaccionar, la fogata alrededor de la cual los animales están reunidos crece hasta convertirse en una gigantesca criatura monstruosa,  semejante a un león de tres cabezas.

Este ser ordena a los animales entregarle a Diana, a la cual identifica como “La Sucesora de Hypnos”. Los  animales no entienden de qué está hablando aquel demonio, pero en cuanto este monstruo intenta atacar a Diana, Fenrir se abalanza sobre este, mordiéndole en la yugular, a lo que este demonio responde con un violento golpe, el cual lo lanza a un extremo de las ruinas.

Sin embargo, no pasa mucho para que el lobo se levante nuevamente, y se prepare para luchar una vez más con aquel demonio, luego de ordenar a Zig y a los demás animales llevarse a Diana lejos de aquel terrible monstruo, el cual es un sirviente de Amón.

Diana: Pero… ¿Qué pasará contigo?...

Fenrir: ¡Váyanse! No hay tiempo…

Tras un breve instante de dudas, Zig y los demás animales huyen, llevando a Diana consigo. El monstruo enviado por Amón intenta perseguirlos, pero Fenrir se le lanza encima, mordiéndole, a lo que el monstruo responde con otro golpe.

Mientras huye, Diana no puede dejar de preocuparse por Fenrir: Paralelamente a su huida, se muestra en pantalla diversos momentos del combate entre este monstruo y el lobo negro. Una lágrima recorre la mejilla de la pequeña; extrañamente, esto ocasiona que un aura plateada rodee al lobo, dándole fuerzas para seguir luchando en contra del enviado de Amón.
El monstruo se burla de él, pero, para su sorpresa, Fenrir consigue arrancarle uno de sus brazos.

Mientras tanto, los demás animales y Diana se encuentran con una manada de lobos, los mismos que son montados por elfos de cabellos azules: Estos preguntan por Fenrir, por lo que Zig les explica lo que está ocurriendo, y al saber que el lobo está peleando solo en contra del monstruo sirviente de Amón, los demás lobos y elfos van a ayudarle. Antes de irse, la líder de los elfos, llamada Kekeyi, vuelve su rostro hacia Diana, como si la hubiese reconocido, pero no dice nada, sino que va con los otros hasta el castillo en ruinas,  en donde el monstruo está a punto de matar a Fenrir, pero el lobo es salvado por los elfos, los cuales hechizan al diablo, convirtiéndolo en piedra, para luego reducirlo a cenizas.

Kekeyi, la líder de los elfos, se acerca a Fenrir, e intenta hablarle, aunque este parece incapaz de hablar a causa de los numerosos golpes recibidos. Por esta razón, Kekeyi ordena a los demás elfos que se lleven al maltrecho lobo hasta la ciudad- Refugio de los Elfos, ubicado en el extremo Norte del bosque, en donde podrá ser sanado.

El lobo, antes de ser llevado por los elfos, alcanza a musitar débilmente el nombre de Diana.

-No te preocupes, Fenrir- le dice el elfo, al tiempo que acaricia su cabeza-Nosotros la protegeremos de ahora en adelante…

-Pero tú no entiendes…- insiste Fenrir- Ella es…
-Lo sé- responde la elfo, con serenidad- No temas…Todo estará bien…Lo que debes hacer ahora, es descansar y sanarte…

Los elfos se llevan al lobo, mientras que Kekeyi y los lobos vuelven a donde Diana y los demás animales están esperándole. Una vez se reúne con ellos, Diana le pregunta a Kekeyi por Fenrir, y esta le responde, no sin cierta severidad, que el lobo logró sobrevivir al combate en contra del sirviente de Amón, más ha quedado gravemente herido, por  lo que ha sido trasladado al campamente de los elfos, en donde podrán sanar sus heridas. Diana deja ver su preocupación,  pero la líder de los elfos le dice que no debe darse por vencida, puesto que Fenrir es fuerte, y no morirá así de fácil.

-Tenemos que ir con Marú, el Hijo de la Luna que gobierna estos bosques…-Advierte uno de los elfos- Es necesario prevenirle acerca de la aparición de uno de los demonios de Amón, en este bosque sagrado…

Los animales se miran entre sí con preocupación.

Zig: (A Kekeyi) ¿Qué es lo que está ocurriendo? ¿Por qué ese demonio quería hacerle daño a esta niña?...
Kekeyi: (Mirando a la luna, resplandeciente en el cielo) Yo misma no lo sé bien…Pero sé que todo nuestro mundo está a punto de cambiar, para siempre…El orden de las cosas tal como las hemos conocido ya no podrán ser las mismas.

Erin: ¿A qué te refieres?

Kekeyi: El poder de nuestros enemigos está creciendo día a día. Amón y sus sirvientes están movilizando a los hombres para destruir los bosques y recintos sagrados de nuestra gente…Tal como pudieron comprobar luego de lo ocurrido en esta noche, los demonios están aprendiendo a burlar las barreras mágicas que los mantienen lejos de nuestros hogares…Pronto, muy pronto, empezará una nueva guerra entre los demonios y los Hijos de la Luna…

Los animales comienzan a murmurar entre ellos. Kekeyi les ordena callar.

Kekeyi: (Autoritaria) ¡Suficiente! No es momento de dejarse llevar por el miedo…(Señala a Diana) Lo que nos corresponde hacer es llevar a esta niña, esta Hija de la Luna hasta Yndra, el lugar sagrado en donde duerme  el dios Hypnos…

Zig: ¿A Yndra? ¡Pero si eso está al otro lado del mundo! Además…¿Qué tiene que ver la hija de Fenrir en todo esto…?
Kekeyi: (Mirándole fijamente) ¿Acaso no te das cuenta, lobo?...
Tras un breve silencio, durante el cual la luz de la luna ilumina todo el bosque de forma extraña, dándole al lugar un aspecto ilusorio, Kekeyi revela la razón por la cual Fenrir y los demás lobos habían sido enviados por los tres reyes que gobiernan Yndra, el país de los hilos, para salvar a Diana: Es que ella es la encarnación del Poder de los Dioses, el cual había estado perdido por milenios tras la guerra de estos en contra de los demonios. Sin embargo, ya las brujas y sabios elfos de la antigüedad, habían predicho que este poder volvería al mundo,  como última defensa para el mundo, cuando este estuviese a punto de ser sumergido en la oscuridad.

Desde luego, en un principio los animales no pueden dar crédito a esta última revelación.  Sin embargo, Kekeyi está convencida de que, de alguna forma, Diana logró salvar a Fenrir de la muerte. Sin ninguna duda o titubeo, Kekeyi afirma que llevará a Diana hasta Yndra, así tenga que hacerlo ella sola.

Zig, Rosa y Erin dan un paso en frente, decididos a ayudar a Kekeyi con su misión, aunque no están muy seguros de lo que pueda ocurrirles en su travesía.

Erin: (A Diana) No me malentiendas…Yo no creo que tú seas un dios, ni nada parecido…Es sólo que no quiero que esos diablos destruyan nuestro mundo…
Zig: (Burlonamente) ¿Y qué es lo que harás tú al respecto? ¡Sólo eres un cachorro de lobo! Tus colmillos no son lo suficientemente grandes y fuertes como para luchar con algún enemigo…
Erin: (Molesto) ¡Déjame en paz! ¡No tengo porque hacer caso a tus tonterías!…

Los lobos ríen, aunque Diana permanece seria.

Kekeyi: (A Diana) ¿Y bien? ¿Vendrás con nosotros por propia voluntad, o acaso tendremos que llevarte a la fuerza?
Diana: (Un tanto insegura) Yo…Yo iré con ustedes…
Kekeyi: Muy bien…Eso facilita mucho las cosas…

Kekeyi coloca a la muchacha encima del lomo del gigantesco lobo blanco sobre el cual monta, y en compañía de la manada de lobos (Así como los tres nuevos integrantes) empiezan con el largo recorrido a través del bosque.

Mientras tanto, en la ciudad, el invierno ha comenzado. Gruesos copos de nieve tiñen de blanco aquella ciudad oscura y tenebrosa. En una antigua mansión de aspecto medieval, se encuentra el mismo hombre que envió al monstruo Simurgh a matar a la pequeña Diana. Es Amón, el rey de los demonios.  Cuatro sirvientes suyos, parecidos a fieras aladas y dotadas de cuernos, como los de los carneros, le hablan acerca de la muerte de dos sirvientes suyos: Simurgh y Narasimha, muertos a causa de la magia de los elfos.

-¿Y qué de la niña? ¿Han logrado dar con ella?- pregunta Amón, con voz indiferente.
-La niña ha desaparecido…- dice una de las fieras, temerosamente- Los Hijos de la Luna la han llevado con ellos…

Por primera vez, Amón se enfurece y lanza la copa de vino que sostenía en su mano al rostro de una de las fieras.

-¡Estúpidos! ¿Saben lo que pasara si los Hijos de la Luna consiguen llevar a esa niña al lugar en donde se encuentra Hypnos? ¡Todo por lo que hemos construido a lo largo de estos siglos se perderá!

Torpemente, aquellos monstruos le piden disculpas a Amón, pero este les ordena volver con los humanos y acelerar la construcción de más máquinas de guerra. Una vez reciben la orden, los tres monstruos asumen una forma humana, y estos se retiran a las diferentes oficinas de gobierno de la ciudad, en donde asumen cargos de importancia, haciéndose pasar por humanos.

Una vez se retiran, Amón mira fijamente uno de los murales que adorna la mansión, los cuales representan varias escenas mitológicas. Su atención recae en uno de los personajes representados en el mural, el cual tiene cierto parecido con Diana, salvo que su cabello es de color plateado. Los ojos de Amón se tornan de color vivo como brasas. La música del fondo para esta breve escena es “Destiny”.

Amón comienza a trazar una serie de dibujos en el suelo con una tiza, muy semejantes a los círculos usados por los magos medievales para invocar a los demonios, si bien solo diferentes partes del círculo y no el círculo en su totalidad es mostrado en pantalla.

Gigantescas llamaradas brotan de este círculo, y en medio de las llamaradas emerge un horrible ser, semejante a un esqueleto con seis alas negras, montado sobre una especie de híbrido de hiena y dragón.

-¿Quién me ha llamado? ¿Quién me ha despertado de mi sueño en las oscuras regiones del Infierno?

-Fui yo, Astharot…- le dice entonces Amón, sin ninguna clase de temor- ¿Acaso ya no reconoces a tu rey?

El esqueleto, a pesar de no tener ojos, parece haber reconocido a Amón.

-¡Mi señor Amón! ¿Cómo es que usted sigue vivo, después de nuestra guerra en contra de los dioses? ¿Por qué no me ha mandado llamar directamente, sino que ha usado la sucia magia de los alquimistas para contactarme?

-Escúchame- responde Amón con frialdad- He logrado salvarme de caer en la prisión oscura en la que los dioses los confinaron al final de la guerra en contra de los dioses, pero a costa de gran parte de mis poderes…Sin embargo, mi magia está creciendo día a día, y muy pronto podré liberarlos a todos ustedes del Averno en donde yacen encerrados…Despierta a todas las huestes infernales del sueño al que han sido sometidos…¡Reúne a todos los seres que habitan en ese mundo de sombras! Muy pronto tendremos que pelear en contra de los Hijos de la Luna, a fin de hacer este mundo nuestro nuevamente!

-¡Así lo haré, mi señor Amón! Reuniré a todos nuestros viejos camaradas para la batalla… ¡Estaremos esperando nuestra liberación!

No bien termina de decir estas palabras, Astharot se retira nuevamente a las regiones infernales, en medio de grandes llamaradas. En el rostro de Amón se dibuja una diabólica sonrisa: Hay una disolvencia en pantalla, y el rostro de Amón se transforma en un escarpado camino a través de las montañas, en donde Diana, acompañada por Kekeyi, la líder de los elfos y los lobos caminan.

Zig y Erin se quejan por lo escarpado del camino, más Kekeyi les dice que están muy cerca del fuerte de Marú, el rey de los bosques.
Inmediatamente después, llegan al fuerte, el cual se erige imponente en un claro del bosque, y el mismo que es custodiado por varios osos gigantes.
 Los guardias, quienes reconocen a Kekeyi los dejan pasar inmediatamente al interior del fuerte, en donde además de los osos, se encuentran varios seres de diverso tipo, los mismos que se han refugiado en ese lugar tras la destrucción de sus hogares: Gigantes, duendes y gnomos están reunidos en el lugar, llamando su atención la aparición de Kekeyi, la líder de los elfos guerreros en ese lugar.
 Kekeyi exige ver a Marú en ese mismo instante, por lo que los guardianes del fuerte los llevan hasta la morada de piedra en donde se encuentra el monarca.
Marú, quien es un gigantesco oso negro con una marca en forma de media luna en su frente, expresa su desconcierto por la destrucción de los bosques, y la incapacidad de los Hijos de la Luna para defender su territorio de la devastación ejercida por los seres humanos.

Marú: No entiendo lo que pasa…Es como si fueran guiados por los demonios.

Kekeyi: Así es, efectivamente…Un demonio ha logrado sobrevivir a la Guerra en contra de Los Dioses, y ahora mismo está reuniendo un enorme ejército para hacerles la guerra a los hijos de la Luna…

Marú: ¡Imposible! ¿Cómo un  simple diablo pudo escapar al Juicio infalible de los Dioses…?

Kekeyi calma a Marú, pero le dice que muy pronto, terminará el tiempo en el cual el Fuerte tendrá que dejar de ser refugio para convertirse en fortaleza en la cual deberán prepararse los guerreros que defenderán al mundo del ataque de los demonios.  Kekeyi le explica rápidamente su plan de llevar a la Pequeña Diana, hasta Yndra, el país de los Hielos en donde yace Hypnos, puesto que ella es una nueva encarnación del poder de los dioses, tal como fue profetizado hace siglos. Para ello, solicita la ayuda de Marpu, pidiéndole que algunos de sus guerreros le acompañen en el viaje, además de proveerlos de todo aquello que sea necesario para llegar hasta Yndra, al otro lado del mundo. Marú desea ir con ellos, pero Kekeyi le responde que los habitantes del fuerte necesitarán alguien que los guíe y los prepare para la batalla.

Los viajeros sólo permanecerán tres días en el fuerte, luego de los cuales retomarán la marcha. Durante la noche, en su habitación, Diana llora al pensar en Fenrir, y se preocupa por él, pensando que ya no volverá a verlo. Erin, Rosa y Zig se percatan de su preocupación, por lo que van a consolarla, si bien el joven Erin está un tanto reluctante a demostrar abiertamente que desea ayudarla.

Rosa le canta una canción a Diana, y esta duerme en sus brazos, pensando en Ángela y Fenrir. Pero estas imágenes de sus sueños son desplazadas rápidamente por las confusas visiones de un enfrentamiento, en el cual los hijos de la Luna luchan desesperadamente en contra de unos extraños monstruos mecánicos.

Una vez más, en sus sueños aparece el terrible Amón, el cual cambia de apariencia, transformándose en un gigantesco monstruo alado, parecido a un demonio gigante.

Con esta terrible imagen termina el sueño de Diana, la cual despierta en su habitación en el fuerte del rey Marú. Uno de los sirvientes del palacio, con aspecto de duende, entra a la habitación de la niña, llevando una bandeja con comida. Al verlo, la niña le dice “Hola”, más el duende no dice nada, sino que se limita a hacer una reverencia respetuosa, para luego retirarse de la habitación.

En cuanto se reúne con sus compañeros en la sala del trono, Diana  se percata de la presencia de varios personajes, que llevan consigo diferentes regalos.

Diana: ¿Quiénes son ellos?
Kekeyi: Desean ver a la Nueva Encarnación de los dioses, para hacerle tributo…
Diana se extraña ante este comentario, aunque Zig se apresura a decir que los Hijos de la Luna están convencidos de que Diana rescatar al mundo de los demonios y restaurar la Gloria de los días Antiguos, aunque la niña no está muy segura al respecto.

En la siguiente escena, se muestran los preparativos realizados por los guardias del fuerte para que Diana y sus compañeros retomen su viaje; muy pronto todo está listo para la partida, y Diana se despide del rey Marú, luego de agradecerle por su ayuda. Por su parte, Marú les desea suerte en su viaje, entregándoles a Kekeyi y a los lobos unas cuantas armas, con las cuales podrán hacerle frente a sus enemigos.

A la partida asisten todos los habitantes del Fuerte, los cuales se despiden silenciosamente de los viajeros. Diana vuelve la vista hacia ellos; tan sólo el duende de la escena anterior, se atreve a alzar la mano en señal de despedida y buena suerte.
Mientras se alejan, la voz en off de Marú reflexiona sobre el inseguro futuro del mundo:

Marú: (Voz en off) Un tiempo nuevo está empezando…Ahora mismo, toda nuestra esperanza, todo nuestro futuro recae en esa pequeña…

Una breve sucesión de escenas muestra como los viajeros van dejando el bosque para adentrarse en una región escarpada y montañosa, y pronto, entran en una zona cubierta de nieve.

El paso por esa zona es bastante difícil, las fuertes ventiscas dificultan el paso por aquellos caminos: En un momento dado, Diana está a punto de caer por un precipicio, pero es rescatada por Erin, el cual burlonamente le aconseja tener más cuidado.

La tormenta de nieve es tan tremenda que los viajeros se ven obligados a refugiarse en una caverna en las montañas, allí prenden una fogata, y se duermen, en espera de que termine la tormenta.
Unas cuantas horas después, Erin despierta, luego de haber percibido un ruido extraño que pasa desapercibido para los otros.

Unas máquinas, parecidas a cangrejos, se encuentran muy cerca de la caverna. Estas máquinas tiene el emblema de Amón, por lo que Erin se apresura a distraerles, a fin de que no descubran el escondite en donde están sus compañeros.

De esa forma, el joven lobo lleva a estas máquinas exploradoras lejos del escondite, pero es capturado  en su forma humana por los monstruos mecánicos, los cuales llevan a Erin hasta una gigantesca fábrica, al pie de las montañas, en donde están reunidos un gran número de soldados, y en donde se erige una bandera con el símbolo de Amón, un escorpión de color escarlata sobre un fondo negro.

El líder de los soldados es Adramelech, uno de los diablos que sirven a Amon, el cual está disfrazado como un ser humano, pero Erin le reconoce, a causa de sus ojos, de color rojo intenso, como brasas encendidas.

Adramalech ordena a los soldados retirarse, mientras él interroga al niño en privado, puesto que sospecha que Erin esconde algo. Sin embargo, al intentar sonsacarle la verdad al niño, este no hace más que responderle con insultos, y en cuanto Adramalech le asegura que muy pronto comenzará el exterminio de los Hijos de la Luna, y que colaborar con los sirvientes de Amón podría ser la única forma de salvar su vida, Erin le escupe en la cara. Adramalech hace un gesto furioso, y luego de abofetear a Erin,  ordena  a los soldados llevarse al niño prisionero.

En la caverna, los demás se percatan de la ausencia de Erin, y muy pronto descubren a las monstruosas máquinas con forma de cangrejo que merodean los alrededores. Una de estas lleva un mástil consigo, al cual está amarrado Erin, tal como comprueba Kekeyi, observando desde la distancia.

Los lobos desean rescatar al niño cuanto antes, pero la elfo advierte que es una trampa preparada por los sirvientes de Amón, a fin de capturar a los Hijos de la Luna que estuviesen en la zona. Zig se indigna y le pregunta si acaso piensa dejar que los sirvientes de Amón le hagan daño a Erin, por lo que Kekeyi responde que si piensa rescatarle, pero necesita planear una estrategia, a fin de no ser capturados, y no poner a Diana en riesgo.

A pesar de la insistencia de Diana, quien desea formar parte del rescate, Kekeyi le ordena permanecer en refugio preparado por los lobos, en compañía de dos guardianes oso, mientras los demás intentan rescatar a Erin.

Adramalech sigue con su plan con el cual espera hacer salir de su escondite a los Hijos de la Luna, a pesar del rechazo y los cuestionamientos de algunos de los soldados humanos. Sin embargo, Adramalech hace uso de su magia para quitarles su voluntad, convirtiéndoles en seres parecidos a autómatas.

Infiltrándose en la fábrica, los lobos y Kekeyi esperan al momento en el cual las máquinas con forma de cangrejo regresen, y en cuanto los pilotos de las máquinas descienden, los noquean, al tiempo que liberan a Erin, el cual ha quedado bastante maltrecho, pero se alegra de estar nuevamente con sus amigos.

Sin embargo, Kekeyi sabe que la huida será difícil, y, a fin de distraer la atención de los guardias, hace explotar con su magia una de las máquinas.
Esto distrae a los soldados por un buen rato, más Adramalech, dándose cuenta de la intervención mágica, asume su forma verdadera, semejante a la de un ave monstruosa, y va en persecución de los viajeros, a los que sorprende en su escondite, no bien acaban de regresar.

Comienza así el enfrentamiento de los Hijos de la Luna en contra de Adramalech, convertido en demonio, pero este hace uso de su magia para movilizar a varias de las máquinas y sus pilotos, manejándolos como si fuesen títeres, en contra de los viajeros. Al cabo de unos instantes,  los enemigos son tantos que los Hijos de la Luna no saben cómo hacerles frente; Adramalech se prepara para llevarse a Diana, luego de apartar violentamente a Kekeyi y a los guardias oso.

Seguro de su victoria, Adramalech está a punto de matar a Diana, pero en ese momento, una lanza atraviesa una de sus alas, a la cual prende fuego, para sorpresa del demonio.

De un momento a otro, un gigantesco lobo negro rescata a Diana. Este lobo es Fenrir, el cual ha llegado acompañado por un ejército de elfos, así como varias brujas, las cuales montan sobre unas enormes criaturas mágicas de diferente forma y tamaño.

Esta última intervención es suficiente para derrotar a los enemigos y matar a Adramalech, el cual es decapitado por Fenrir, luego de intentar nuevamente matar a Diana.

Unos cuantos soldados sobreviven al enfrentamiento, pero ahora que Adramalech está muerto, no hay nadie que los controle, y no entienden lo que están haciendo en ese lugar, Por pedido de Diana, los lobos dejan que estos soldados escapen.

Una vez ha terminado la lucha, y luego de curar a Erin, los elfos le explican a Kekeyi que mientras se llevaban a Fenrir hasta el campamento de los elfos, se encontraron con Nimuë, la reina de las brujas, la misma que al enterarse de que Kekeyi y Fenrir habían encontrado a la nueva encarnación del poder de los dioses,  ella contactó a las demás brujas esparcidas por todo el mundo, para formar un gran ejército con el cual hacerle frente a los demonios.

Las brujas invocan a un gigantesco monstruo, parecido a un dragón blanco, al cual suben los viajeros. Por órdenes de de Nimuë, la reina bruja, este dragón lleva velozmente a los viajeros a través de las montañas, dejando al poco tiempo aquella escarpada región, llegando así a un país en donde se erigen enormes glaciares en medio del mar, en donde nadan unas extrañas criaturas, que recuerdan mucho a las sirenas y tritones de la mitología griega.

La aurora boreal resplandece en medio de la oscuridad del cielo, quedándose Erin y Diana admirados por aquel hermoso espectáculo.

Muy pronto, ven a más brujas, montadas sobre unos monstruos voladores, con aspecto de criaturas mitológicas. Ellas son las guardianas de Yndra, la tierra en donde gobiernan los tres reyes de los Hijos de la Luna, y en donde permanece el cuerpo de Hypnos.

Las brujas guían a los viajeros hasta una gigantesca ciudad, que parece estar hecha de cristal, y que es vigilada por numerosos lobos y osos polares.
Los tres reyes de los hijos de la luna, (Rhin, un lobo blanco con una media luna sobre su frente; Gedt, un oso polar con unas enormes alas doradas; e Irik, un ave de dos cabezas, con numerosos símbolos místicos grabados en sus alas) reciben a los viajeros. Luego de que Diana se presenta respetuosamente ante ellos,  Rhin el lobo blanco, anuncia que ha llegado el momento de “La prueba final” para Diana; es decir, es el momento de despertar al único sobreviviente de la guerra entre los dioses y los demonios: Hypnos.

El cuerpo de Hypnos yace en el interior de una ermita de cristal, la cual se parece mucho al palacio que Diana vió en uno de sus sueños. Incluso en el interior de esta ermita se encuentra la misma puerta de piedra, la cual es custodiada por numerosos elfos, faunos y sátiros, los cuales advierten que detrás de esa puerta está una ventana al universo.

-No es seguro lo que pueda ocurrir una vez alguien traspasa ese umbral- advierte un fauno viejo- Aquel es un territorio prohibido para los mortales, es un campo sagrado, al cual sólo pueden acceder los dioses y sus elegidos.

En cuanto Diana pone su mano sobre la puerta de piedra, intentando abrirla, una serie de visiones aparecen delante de sus ojos: Algunas de estas son muy confusas,  en las que se muestra la guerra de los dioses y los demonios. Pero las dos visiones finales son muy claras e intensas: La primera muestra a Amón, furioso, y a punto de perder el control al enterarse de que Diana ha llegado por fin al lugar en donde está Hypnos. Los ojos de Amón se tornan rojos, y dos negras alas brotan de su espalda.
Lleno de furia, Amón y sus sirvientes incendian la ciudad, para horror de Diana. En medio del caos y el horror, aparecen numerosos monstruos mecánicos, así como un grupo de seres espeluznantes, encabezados por Amón, y el demonio Astharot.  Amón ha conseguido abrir por fin la puerta de los infiernos, liberando a su ejército de diablos encerrados en el infierno.

Luego, la escena cambia abruptamente, mostrando en pantalla lo que parece ser la habitación de una vieja casa. Una niña muy pequeña está al lado del lecho en donde yace una mujer, la cual parece estar agonizante.
La mujer le entrega a la niña pequeña una especie de medallón, con la fotografía de sus padres.

Diana reconoce a la mujer como su madre, cuyo rostro ya casi había olvidado.
La Diana del recuerdo toma el medallón en sus manos, pero otro personaje, al cual no puede vérsele el rostro,se la lleva lejos,dejando al medallón tirado en el piso.

El efecto que producen en Diana estas visiones, hacen que esta huya de la ermita, asustada. Rhin ordena a los lobos ir en su busca, pero Fenrir interviene, diciéndole que así sea la elegida de los dioses, sigue siendo una niña, y como tal debe ser comprensivo con ella.

Muy pronto, Fenrir, Zig, Rosa y Erin encuentran a Diana en lo que parecen ser las ruinas de una pequeña iglesia, en un extremo de la ciudad. En ese lugar, Diana les dice que no es capaz de vencer al demonio Amón, y con lágrimas en los ojos, les pide perdón por haber decepcionado su esperanza.
Sin embargo, Fenrir se acerca a ella, y luego de enjugar sus lágrimas, le dice que aún si ella no fuera la elegida de los dioses, y aunque Hypnos jamás despertase, él seguiría protegiéndola, por ser una de los suyos, una Hija de la Luna.

Los demás lobos reafirman esto, recordándole que han jurado protegerla, y que seguirán haciéndolo hasta el final.
La luz de la luna se infiltra a través de los vitrales de la derruida iglesia, dándole a esa escena un toque aún más irreal que el de las escenas anteriores.
Uno de los vitrales representa a una niña con el cabello plateado. Diana mira a sus compañeros, luego mira al vitral. La música de fondo de esta escena es “Go to Rakuen”.

El apoyo de sus amigos, hace que Diana disipe sus dudas con respecto al riesgo que implica intentar despertar a Hypnos y enfrentar a Amón, de manera que la niña regresa a la ermita, y desoyendo las advertencias de los numerosos elfos reunidos en el lugar, traspasa la enorme puerta de piedra, liberando una brillante luz que deja a todos cegados por unos breves instantes.

Cuando la luz se disipa, las puertas han quedado cerradas nuevamente. Los compañeros de Diana intentan abrir la puerta, pero es útil: Sólo alguien que ha sido elegido por los dioses puede traspasar aquel umbral, advierte Kekeyi.

Mientras tanto, en diferentes partes del mundo, numerosos ejércitos de máquinas y demonios comienzan a asediar a los Hijos de la Luna en sus refugios; difícilmente estos pueden hacerle frente a sus enemigos.

Amón, convertido en un demonio, advierte que la última acción de Diana, con la cual espera despertar a Hypnos. Usando su magia, transporta velozmente  a sus ejércitos hasta Yndra, el país de los Hielos.

Detrás del umbral, Diana encuentra un extraño mundo, en el cual parece no haber ni tiempo ni espacio. Al término de un oscuro túnel, la niña encuentra un desierto, en el cual se erigen varias ruinas, de aspecto surreal. Algunas de estas ruinas representan varios motivos de la guerra mítica entre los dioses y los demonios, pero algunos representan diversos momentos de la aventura vivida por Diana, en compañía de sus nuevos amigos.

-La historia de nuestro mundo está a punto de cambiar- dice una voz, detrás de Diana. Diana se da media vuelta, y se encuentra con un monje, anciano y ciego. Diana le pregunta si acaso él es Hypnos, a lo que el monje le responde que solamente es una parte de su memoria, gran parte de la cual quedó perdida tras su último enfrentamiento con Amón.

El monje le muestra a Diana el lugar en donde está Hypnos, un enorme vacío al final del cual brilla una intensa luz.

-El resto de la memoria perdida de Hypnos- le explica el monje a Diana- Fue al mundo humano, en donde se encarnó bajo la forma de una niña…

En ese momento, Diana entiende que ella es la memoria perdida de Hypnos y los demás dioses, por lo que decide aventurarse a descender por aquel vacío.
Mientras desciende, el monje le dice que los dioses y los demonios no son más que la encarnación de diferentes sentimientos de los seres que habitan en la tierra, tanto los humanos como los Hijos de la Luna: Ellos encarnan su deseo de vivir, su esperanza, y sus deseos por ser mejores, pero también sus miedos, violencia y odios.

-¡No olvides esta verdad! ¡Sólo así los dioses del pasado podrán renacer en este mundo y vencer a los demonios una vez más!

No bien termina de decir estas palabras, el monje desaparece, y un aura de color oro rodea a Diana, con lo que la niña entiende que ha llegado el momento de despertar a Hypnos, y devolverle su memoria.

En Yndra, la guerra en contra los demonios ha comenzado: Los sirvientes de Amón están cada vez más cerca de la ciudad, por lo que las brujas, acompañadas por sus espíritus sirvientes, así como las bestias guerreras que custodian la ciudad han salido a enfrentarle.

Pese a la duda de los tres reyes de los Hijos de la Luna, Kekeyi les dice que no pueden seguir esperando a que regrese Diana, puesto que ha llegado el momento de luchar en contra de Amón.

Es así como un gran ejército sale de la ciudad, conformado por seres de toda clase, listos para enfrentarse a las huestes de Amón. Este no se inmuta por esto, dado que se siente muy superior con respecto a sus enemigos.

Sin embargo, Amón presiente, por medio de confusas visiones, un despliegue del poder divino, y luego de burlar fácilmente el ataque de los tres reyes de los Hijos de la Luna, se dirige hacia la ermita en donde está el cuerpo de Hypnos, dispuesto a destruir ese lugar.

Varios guerreros se le interponen, pero el demonio les prende fuego a través de un terrible hechizo. Incluso los tres reyes son abatidos por este ataque, lo mismo que el ejército de bestias, brujas y elfos comandados por estos.

Amón se prepara para destruir la ermita, pero Fenrir, convertido en un lobo, se le abalanza y le enfrenta, sólo para ser violentamente vapuleado. Sin embargo, a pesar de estar gravemente herido, esto no impide que el lobo se levante una vez más, y se enfrente al horrible monstruo, puesto que sabe que Diana sigue dentro de ese lugar.

Amón se burla de lo inútil de su acción, pero Fenrir no hace caso de sus insultos. Simplemente dice que va a matarle, para librar a los Hijos de la Luna de su crueldad.

Amón: (Tomando a Fenrir por el cuello) ¿Tú vas a matarme a mí? ¡No eres más que un insecto en mis manos! ¡Te mataré ahora mismo!

Sin embargo, haciendo un gran esfuerzo, Fenrir se libera de las zarpas de aquel demonio, e incluso logra herirle en el rostro, cosa que enfurece a Amón, el cual le asesta un golpe mortal al lobo, para luego intentar destruir la ermita.

Zig, a pesar de estar herido, se acerca a Fenrir, el cual, antes de morir, le pide que defienda la ermita en donde está Diana.

Profundamente afligido por la muerte de su amigo, Zig ataca a Amón, sólo para ser echo a un lado por un fortísimo golpe del demonio. Pero acuden en su ayuda Kekeyi, los cuales atacan a Amón al mismo tiempo, aunque sin resultado.

Los demonios han entrado en la ciudad, y Amón está a punto de destruir la ermita, pero en el momento en el cual le prende fuego a este edificio, una gigantesca columna de luz brota de la ermita: La luz quema a Amón y una gran parte de su ejército, aunque estos siguen vivos.

De la ermita, emerge Diana (Con los cabellos de color plateado), acompañada por un gigante de luz, con cuatro alas doradas. Es Hypnos, el dios de los Hijos de la Luna. Con un solo golpe hace que Amón retroceda, aunque no lo mata.
Diana se acerca al cadáver de Fenrir. Con lágrimas en los ojos, Diana le da las gracias por haberla protegido hasta el final. Tocando al lobo, libera su alma, haciendo que esta pase al otro mundo. Sin embargo, la niña descubre entonces que Fenrir traía consigo un extraño relicario, en donde hay una fotografía. En la fotografía está la madre de Diana junto a Fenrir, en su forma humana. Recién entonces la niña comprende la voluntad del lobo de protegerla hasta el punto de dar su vida…

Al tocar el medallón, una parte de la memoria de Fenrir le es revelada a Diana, descubriendo así que Fenrir tuvo que abandonarla a su madre y a ella, puesto que los sirvientes de Amón estaban haciendo una persecución en contra de los Hijos de la Luna que vivían entre los humanos, matando además a todos los que estuviesen involucrados con ellos. De esa forma, logró salvar la vida de su hija, pero su esposa enfermó gravemente y murió. Sin embargo, Fenrir estuvo siempre cerca de ella, protegiéndola y listo para defenderla de cualquier peligro.

Aunque ella no hubiese sido la elegida de los dioses, su padre habría intervenido para salvarla de cualquier peligro. Tras esta revelación, Diana entiende por fin las circunstancias que le llevaron hasta ese momento, y afirma que sin importar lo que pase, derrotará a Amón y a sus diablos.

Furioso, el demonio ordena a sus sirvientes arremeter en contra de Diana, pero una vez está es protegida por Hypnos. Y a su vez, la magia de Hypnos permite que un portal hacia otros tiempos y dimensiones se abra: En el proceso, una buena parte de la ciudad es destruida, pero aparecen, en diferentes partes del mundo numerosos seres, con aspecto de árboles, o montañas móviles.

En la ciudad han aparecido numerosos gigantes de roca, que son reconocidos por Rhin como los dioses de los días antiguos. Estos evitan que la magia de Amón destruya a Yndra, e Hypnos, guiado por la voluntad de Diana, le corta la cabeza al demonio.

Con su muerte, los demás diablos son convertidos en una especie de polvo y absorbidos por un extraño cráter que ha quedado en lugar de la ermita. Cuando todos los diablos han sido absorbidos por aquel cráter, la brillante luz de la luna en el cielo cubre a toda la ciudad de un resplandor plateado, el mismo que se esparce por todo el mundo, destruyendo a los diablos de Amón en todas partes.

Así, tanto el fuerte de Marú, como el refugio de los elfos, y la ciudad de las brujas quedan libres de sus enemigos, los cuales desaparecen, convertidos en polvo.

Marú se da cuenta por medio de esto que los Hijos de la Luna han triunfado en su guerra contra los demonios, y que los dioses de los días antiguos han vuelto a la tierra.

En cada rincón del mundo, el resplandor plateado repara el daño hecho por los sirvientes de Amón: Es así como muchos de los bosques que habían sido destruidos vuelven a crecer nuevamente: apareciendo una abundante vegetación aún en las regiones más áridas y desérticas.

En las ruinas de las ciudades humanas, los sobrevivientes salen de sus escondites, felices de saberse vivos, pero sorprendidos de ver los inmensos árboles que han surgido en medio de las ruinas. También crecen en medio de las ruinas de la ciudad numerosas flores de color plateado.

Ángela, la amiga de Diana, que se encuentra entre los sobrevivientes, al ver las flores, presiente una intervención de su amiga desaparecida en este hecho, por lo que sonríe, convencida de que ella sigue viva, y que volverá a verla algún día.
La música de esta escena es “Go To Rakuen”.

En Yndra, los Hijos de la Luna dan gritos de victoria, clamando en voz alta el nombre de Diana. Incluso los mismos dioses la celebran, sosteniéndola Hypnos en sus brazos.

Diana esboza una débil sonrisa en su rostro, aunque sus ojos parecen tristes. Ella cierra sus ojos y piensa en Fenrir, su padre, que dio la vida porque tenía fe en que ella salvaría al mundo. Y el mundo ha sido salvado.

Hay un fundido en blanco. Tras el fundido en blanco, se muestra un campo de flores, de toda forma y color.
Una de estas flores posee un extraño color, semejante al de los ojos de Amón, sobre la que revolotean algunos insectos de forma extraña.

Entonces, se muestra en pantalla una nueva ciudad, próspera y luminosa, cuyos habitantes llevan vidas tranquilas.
Entre estos habitantes está Ángela, de adulta, la cual está junto a sus dos hijos.
Un circo ambulante ha llegado a la ciudad, y los niños le piden que les deje ver la función.

En la boletería, Ángela escucha (O cree escuchar) una voz, muy parecida a la de Diana, llamándola.
Ángela se voltea…Pero no hay nadie. Sus hijos le preguntan si algo malo le ocurre, a lo que Ángela responde que todo está bien, y los tres entran al circo. La expresión en el rostro de Ángela parece indicar a que ella ha comprendido que no volverá encontrarse con Diana, la cual, en las afueras de la ciudad, acompañada por los lobos, se despide en silencio de su amiga.

Luego, Diana monta sobre uno de los lobos, el cual es Erin, ya de adulto, aunque Diana sigue siendo una niña. Ella y los lobos se retiran velozmente hacia los bosques, mientras en la lejanía se escuchan varios aullidos.
En la oscuridad de la noche, la luna llena resplandece.





Notas del director:

·        Las escenas transcurren en el orden en el que son narradas.
·        La animación de esta película es producida por computadora, con estética realista, del mismo tipo que películas como “Beowulf” o “Final Fantasy”, pero la ambientación, las vestimenta de los personajes y los escenarios no buscan ser enteramente realistas o “plausibles”, sino que tienen cierto carácter extraño o exagerado, que sería imposible de realizar por medio de la acción real.
·        La ambientación de gran parte de la película es bastante oscura, a semejanza de filmes como la trilogía de “El Señor de los Anillos”.
·        The Battle On The Ice” se escucha durante la escena final.
·        Call me, Call me” de Steve Comte se escucha en los minutos finales de la película, y luego sigue en los créditos.
·        La canción que Rosa le canta a Diana es “Lunar Lullaby”.


3 Responses so far.

  1. daniel says:

    Bueno, es una historia muy imaginativa y bien fantasiosa. Se destaca por los giros cambiantes en la trama, y por ese final que me ha encantado...
    No se porque pero se me hizo algo pesada, pero con todo terminé contento.

  2. Alvaro says:

    Gracias por comentar, Daniel...Voy a ponerme al día con las demás obras del festival.

  3. Hypnos resulta una historia de aventuras y fantasías, con los elementos que las caracterizan, el niño que se adentra al mundo de fantasía, el señor de la maldad, el ayudante bueno, el señor de la bondad que no aparece hasta ya adentrada la historia. Su magia reside en el enfoque de la relación familiar que hay entre la pequeña protagonista y Fenrir, creo que ese es su punto fuerte.
    Bien escrita, con elementos fantasiosos, pero hasta cierto punto larga. Enhorabuena.

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