GALA DEL DB5: 11/02/11

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Posted by DB5 | viernes, 21 de enero de 2011 | 6 comentarios

Título: CARNE S. A.

Director: Mariano Masci

Género: Drama – Thriller // MAYORES DE 16 AÑOS.

Elenco:

Cecilia Roth (Marcela Ibañez)
Norma Aleandro (Nélida Ojuez)
Soledad Villamil (Cecilia Giubileo)
Ricardo Darín (Pablo Chabrol)
Fabián Vena (Florencio Sanchez)

Banda Sonora:
“Spinata” (Emily Bear)

“Snowdance” (Emily Bear)

“The Gravel Road” (James Newton Howard)

“Morgan’s Horse Farm” (Hans Zimmer):

“Lighthouse music” (Hans Zimmer):

Sinópsis: “Carne S.A. intenta seguir de cerca la historia acerca de la investigación ficticia de un suceso real… tan crudo, como enigmático y vergonzoso”



Obra:

“Por sobre los agregados de ficción presentes en la siguiente película, los sucesos e hipótesis que se manejan responden a hechos reales en torno a la desaparición de la doctora Cecilia Giubileo”

16 JUNIO DE 1985 por la tarde

Cae el sol lentamente sobre las afueras de Buenos Aires. Desde lo alto se aprecia un coche, específicamente un Renault 6 verde, recorrer la ruta a una velocidad que va reduciendo hasta detenerse en una estación de servicio. Cecilia, ya vestida con su ambo blanco de trabajo, baja del auto y entra al buffet de la gasolinera. Busca la cabina telefónica y disca un número con sus veloces dedos:

- Hola, ¿Francisco? –saluda y pregunta la mujer al mismo tiempo

- ¿Cecilia? – adivina el interpelado. - ¿Qué me cuentas?

- Estoy de camino al trabajo, va a ser el último día que pise ese lugar.

- Cecilia… No te precipites. Escuchame, ya hablamos de esto antes. Esto es peligroso.

- Fran, ya lo sé. Pero no tengo otra opción, ya estoy hasta el cuello. Estarás libre por la mañana, ¿no?

- Sí, ¿por qué…?

- Necesito que pases a buscarme, no quiero volver sola a casa.

- Está bien. Haré lo posible, pero no lo tomes como una promesa. Tengo que cortar, Cecilia. Adios.

- Chau, Fran. Un beso.

La doctora, resuelta y con la voz ya menos tensa, se enfila hacia el mostrador. Paga el costo de la llamada y por adelantado también el precio por llenar el tanque de nafta de su Renault.

- ¿Casi lleno como todos los días? –le pregunta el chico que maneja la manguera.

- No, esta vez quiero el tanque lleno por completo. Mañana a la vuelta no voy a poder detenerme por acá.

MAYO DE 2005

Dentro de su escritorio, y con los últimos rayos de sol entrando por la ventana, una mujer adulta y de cabello rubio parece absorta en la lectura de una simple hoja escrita a bolígrafo.  Con su dedo recorre de arriba hacia abajo la lista de números telefónicos que tiene anotados en ese papel.
Se decide por marcar el primero de la lista, que se encuentra subrayado fuertemente y con signos de admiración (Nélida Ojuez!!!). Junto a ese nombre descansan cuatro palabras: Supervisora de Casa Médica.

- Hola, ¿hablo con la señora Nélida Ojuez?

- Sí, con ella misma –responde una voz muy mayor. -¿Quién llama?

- Mi nombre es Marcela Ibañez. Soy periodista, y estoy armando un especial sobre el caso Giubileo, para el diario “C..” – comienza a responder, pero la voz de Nélida la interrumpe.

- Ya se lo que está buscando. Y no creo que pueda ayudarla.

- Espere, espere –insiste Marcela- Realmente creo que podemos ayudarnos mutuamente.

- ¿Cómo es eso? –Interroga la otra con voz más grave – No creo que sea conveniente sacar esos temas a la luz, y mucho menos por teléfono…

- En ese caso podríamos vernos en persona, ¿le parece?

En ese momento, la señora Ojuez parece estar de acuerdo, ya que a Marcela se la ve anotar una dirección y asentir.

16 DE JUNIO DE 1985 al comienzo de la noche

La doctora Cecilia ingresa al complejo neuropsiquiátrico de Open Door, con su Renault 6 verde conduce por el camino de canto rodado hacia la dependencia Casa Médica, estacionando frente a la puerta de la misma. Baja con un saco largo sobre su ambo. El frío hace que se estruje las manos, como tratando de evitar que se le congelen. Camina resuelta hacia la entrada largando vapor de agua por entre sus dientes que tiritan a causa de la helada invernal. Ya en el Hall Central –muy descuidado, por cierto- se encuentra con Nélida Ojuez, la supervisora. Se saludan con un “hola”.

- ¡Hace un frío de peste! –Se queja Cecilia.

- La verdad que sí. Yo que vos me hubiese quedado calentita en casa.

- Sí, esa era una opción muy tentadora. Pero tengo mucho trabajo que hacer.

- No te preocupes Cecilia. –retruca Nélida- Estos pacientes siempre van a estar acá, esperando. No se van a ir a su casa.

Cecilia se ríe, y tras despedirse con un “nos vemos luego” se dirige a su consultorio, pero antes de entrar se topa con uno de los internos. Un esquizofrénico que aún conserva la capacidad de reconocerla. La saluda y le regala tres cigarrillos. Ella los acepta encantada, luego ingresa al cuarto que hace las veces de salón de trabajo, y cuarto de descanso. Un armario, una mesa, una silla y una camilla son todo lo que allí dentro la esperan.

MAYO DE 2005

Luego de contar el episodio recientemente descripto, Nélida Ojuez, treinta años más envejecida apaga el cigarrillo en un cenicero de papel aluminio; para luego alzar la mirada encontrándose con los ojos de Marcela.

- Esa fue la última vez que la vi –Finaliza Ojuez.

Marcela, sentada al otro lado de la mesa, le pregunta:

- ¿Eso es todo? ¿Cómo es que usted terminó trabajando en este Cottolengo tan lejos de Open Door?

- Bueno, se manejan varias hipótesis acerca de la desaparición de la doctora Cecilia. Pero pocos creemos estar seguros de cual es la correcta. Si me quedaba, temía llegar a correr la misma suerte que ella.

- Si, esa parte la entiendo –interviene la más joven- Lo que no me cuadra, es que eso sea todo. Así… sin más.

- ¿Y qué pretende que le diga?

- Lo que no vio, pero lo que si escuchó de sus compañeros.

- Eso sería revelarle cuál sería la hipótesis en la que yo creo. –Reprocha Nélida- Y habíamos quedado en que no usted no iba a comprometerme a tal nivel.

- Le aseguró que su nombre no aparecerá en la fuente del artículo. Además creo que ya pasaron varios años como para empezar a preocuparse respecto al supuesto tráfico de órganos en Open Door.

- Veo que va por el camino correcto, pero si toma tan a la ligera mis creencias, en ese caso nadie va a creerme, así como nadie lo creyó hace treinta años… Y por lo visto tampoco usted lo creyó.

Marcela alza una ceja y con cara de escepticismo replica:

- En Open Door no tienen los materiales ni la higiene suficiente como para extraer un órgano a un paciente sin matarlo. Y si lograsen hacerlo, en ese caso sería la víscera la que se pudriría…

- Está usted muy equivocada, señorita periodista. El tráfico de órganos en Open Door, es solo la punta del iceberg de Open Door…

- ¿Qué quiere decir?

- En ese lugar no se comercializaba solo con pedazos de locos… Sino también con los locos por completo… no en partes, sino enteros.

La periodista Ibañez se empieza a reír. Luego dice:

- ¿No esperará que me crea el cuento del tráfico humano?

- Sí… Sino, ¿qué esperaba que le diga?... ¿Qué fue el marido de Cecilia quién la hizo desaparecer?... –Se burla Nélida- Disculpeme, Marcela… pero ese es el tipo de material que solo haría más interesante un artículo publicado en una revista sobre el corazón.

- Bueno… Está bien, deme una prueba y usted gana.

- Si quiere una prueba… -la mayor se pone de pie mientras habla-… entonces sígame.

Ambas se dirigen por uno de los blancos pasillos de la institución (una muy distinta y mucho más cuidada y limpia que aquella en que trabajara la Dra. Giubileo). Cuando están por llegar al final de corredor, la supervisora se detiene frente a una de las puertas y antes de abrirla le dice a Marcela: “Esta es una de las últimas pacientes rescatadas de Open Door… Le decimos Pirucha”. Luego abre la puerta.
Sobre la cama, sentada, yace una mujer de unos sesenta años. Su ojo derecho no tiene color alguno, es blanco y lechoso. Conectada a su costado, se ve ingresar una manguera que termina en un aparatito de filtrado.
Ambas mujeres sanas (supervisora y periodista) se le acercan. Ya lo suficientemente cercana y señalando la manguerilla, Nélida dice: “Le falta un riñón”. Luego subiendo el dedo índice para ahora apuntar sobre lo lechoso del ojo derecho de Pirucha agrega: “Ahí no hay córnea”.
Marcela, impresionada se agacha y mira de cerca de la paciente, que parece abstraída del mundo.

-¿Quieres más pruebas? – cuestiona Ojuez.

Marcela no contesta, ante lo cual la otra se decide a preguntarle a Pirucha de repente y sin previo aviso: ¿Querés volver a las jaulas?

-¡NOOOOOOOOOOO! –Comienza a gritar y a sacudirse Pirucha, ante lo cual Marcela salta horrorizada hacia atrás- ¡NOOOOOOOOOOOO! ¡ME CORTAN! ¡ME CORTAN!

17 DE JUNIO DE 1985 a las 3:00 am

Cecilia Giubileo escribe en su diario íntimo. Su voz en off permite saber lo que está apuntando sobre su cuadernillo forrado en cuero:

“La situación en Open Door ha llegado a un punto de inflexión del cual no hay marcha atrás. Francisco no quiso acompañarme durante mis constantes denuncias contra este establecimiento. Muchos de los internos aún permanecen encerrados en jaulas; mientras que otros desaparecen, y algunas aparecen pero en estado lamentable. Violaciones, vejaciones como si de animales se tratase. Aunque, a mi modo de ver, ni los animales son dignos de semejante maltrato. No hay orden que permita tales acciones, tales abominaciones. A veces me pregunto quienes son los verdaderos locos: ¿los que aquí yacen internados, o quienes los mantienen encerrados? Tal vez, los terceros, los que observamos desde afuera y sin hacer nada, seamos los principales responsables…”

Un ruido en el pasillo distrae a la doctora. Entreabre la puerta del cuarto/consultorio para tratar de encontrar el origen de ese ruido (¿pasos?). Sale al corredor, da unos cuantos pasos pero una sombra que se proyecta en frente a ella la hace retroceder. Corre y se encierra nuevamente en la habitación. Escucha un ruido proveniente de la calle, el ruido que hace el agua al caer desde un bidón. Se asoma a la ventana. Personas se mueven en el estacionamiento junto a la entrada.
Antes de que pueda alertar a alguien, e incluso a ella misma, es arrojada al suelo. Trata de gritar, pero unas manos le tapan la boca, a medida que es arrastrada por el suelo. Patalea, y sus zapatos se salen de sus pies y quedan tirados en el piso. Trata con todas sus fuerzas de aferrarse a las patas de la cama. Pero alguien pisa su mano con todas sus fuerzas. Efectivamente tienen que ser dos personas quienes tratan de inmovilizarla. Abre los ojos, llenos de terror, y antes de que pueda llegar a morder la mano que le tapa la boca, es sacudida contra el suelo con fuerza bruta a manos de su atacante. Ya inconsciente es arrastrada fuera de la habitación.

MAYO DE 2005

- ¿Te queda alguna duda? –le cuestiona Nélida a Marcela ya en el patio del Cottolengo

- No sabría qué decirte… -excepto algo para preguntarte- ¿Qué fue del marido de Cecilia?
Nelida, prende otro cigarro con un encendedor minibic. Da una gran pitada, exhala el humo y contesta:

- Corren varios rumores. Lo primero que tendrías que saber, es que Pablo, al igual que Cecilia había militado en un grupo de izquierda durante la dictadura militar. Fue por ello que trató de relacionarse la militancia de ambos al crimen en contra de su esposa.

- Eso ya lo sabía… Pero no tiene pies ni cabezas. –repone Marcela- Además llevaban años separados para cuando ella se esfumó.

- Bien, eso es cierto. Pero hay una parte que nadie te cuenta…

Ambas dejan de caminar, y la periodista mira fijamente a Nélida. Esta inquieta por el escrutinio de esos ojos, replica…

- ¡No me presiones! Es demasiada información.

- Uno no tira la piedra y esconde la mano…

- Está bien, está bien. Es un rumor frecuentemente aceptado en el ámbito médico, entre colegas se rumorea que fue esto lo que realmente ocurrió con Cecilia.

A medida que Nélida relata la historia, podemos verla como si de una película en blanco y negro se tratase, con la voz en off de la mujer:

“Cinco años después de la desaparición de su mujer, Pablo Chabrol logró entrar en contacto con el mercado negro de bebés, mujeres y órganos en la Argentina, gracias a la ayuda de Florencio Sanchez (director del establecimiento psiquiátrico de Open Door). Tras años de exilio en España, y regresando a su tierra natal con una identidad falsa, el ex marido de Cecilia llegó a hacer negocios truculentos con quien fuese luego procesado por tráfico de personas. La realidad es que Florencio Sanchez quedó libre por falta de pruebas. Pero lo que también se rumorea como cierto, es que Pablo finalmente encontró a su mujer viva, y completamente arruinada por la droga en un prostíbulo ilegal en el Sur de la provincia. Amigos de él aseguran que pudo rescatarla de una cabaña llena de mujeres golpeadas, violadas y forzadas a los peores vicios. Incluso algunos se jactan de repetir la historia como si el mismo Pablo la contase”.

En este punto del relato Marcela interrumpe, y pregunta: ¿Cuáles son esas palabras?

Se oyé la supuesta voz de Pablo en off, reflejando la situación por él mismo narrada:

“Salimos del bosque corriendo. Hacía un frío que partía los huesos. Cecilia no entendía nada, solo se aferraba a mi, y corría descalza por sobre las piedras, el barro y las hojas. La pobre miraba hacia arriba, como tratando de encontrar el sol entre las ramas de los árboles”

- ¿Eso es lo que dicen que él dijo?- Pregunta la periodista.

- Eso… -repite Nélida- en realidad es un rumor. Un rumor en el que preferimos creer por tratarse de la peor de las posibilidades.

- En todo caso lo peor sería encontrar sus huesos en el estanque de Open Door, como muchos esperarían…

Nélida se ríe soltando el humo del cigarro entre los dientes, y luego habla…

- En ese estanque, cuando por fin lograron vaciarlo, solo encontraron una cosa…

- ¿Qué?

- Un gato muerto. Hubiese sido mejor que la encontrasen a ella allí muerta, antes que viva y en el estado que se dice que apareció. Pero un gato muerto… eso es todo lo que había en el estanque.

- ¿Y más allá del estanque…?

- Bueno, creo que ya debes saberlo: En el cuarto de la Doctora solo se encontraron sus zapatos. Mientras que el auto, intacto, presentaba el tanque de nafta vacío. Solo a eso llegaron las investigaciones. Aun así el anonimato de Pablo viene a confirmar los rumores acerca del paradero de Cecilia.

-Perdón… ¿Cómo dice?

- Lo que oyó. En mi opinión ambos están escondidos. Ella más que él… escondida en si misma. Y Pablo ahora no puede hacer más que protegerla.

Marcela mira inquieta hacia el cielo. La noche está demasiado próxima. La más adulta percibe los nervios en la cara de su compañera de charla, y le dice:

- Mejor continuemos con eso otro día… Se le hace demasiado tarde para volver a casa.

Marcela recorre la ruta con su auto. Su cara aun permanece perpleja. Sigue conduciendo hasta dar con una estación de servicio, donde pide que le llenen el tanque del auto. Luego ingresa al buffet para pedir un café con medialunas. Cuando se sienta a la mesa y esparce sus notas algo le llama la atención. Una hoja color rosa que antes no llevaba, en ella dice algo.

NO SE DETENGA CAMINO A CASA. LLEGUE RAPIDO. CREO QUE VAN A SEGUIRLA

Marcela sin pensarlo dos veces, se levanta velozmente de la silla y sale lo más a prisa posible del local en busca del coche. Una vez dentro del mismo empieza a respirar con dificultad. Saca un pañuelo de su cartera y empieza a secarse el sudor de su rostro mirándose en el espejo del coche. Pero además de su propia cara, ve en el vidrio el reflejo de dos siluetas que se le acercan. Pisa el acelerador y sale a toda velocidad, alejándose por la ruta.
Toma el celular de su cartera y marca el número de Nélida…

- ¿Hola? -pregunta la voz de la anciana.

- Soy yo. Tenías razón, alguien me está siguiendo.

- ¿Qué yo que…? Yo nunca dije eso…

- Entonces no se quien, pero alguien, quien sea, puso un papel en mi cartera advirtiendo de que iban a perseguirme. Y así está ocurriendo ahora mismo. Y creo que…

Marcela no llega a terminar la frase. Alguien la enviste por detrás. El auto no sufre daños importantes, pero el miedo la obliga a frenar. Un auto negro se detiene al lado suyo. El vidrio de dicho coche se baja, y asoma, para sorpresa de ella, la cara de Pablo Chabrol:

- No sea estúpida. Dejé de investigar. Ellos ya saben que estás metiéndote en todo esto.

- ¿Cómo es que…?

- No hay tiempo para preguntas. Vuelva a su casa, o a donde quiera y lárguese bien lejos. No se van a molestar en seguirla, porque comprenderán que usted está asustada y eso les asegurará que no va a hablar.

Antes de que Marcela pueda replicar, el coche negro arranca a toda velocidad alejándose en dirección al Cottolengo. Por lo que vuelve a llamar a Nélida con el celular…

- ¡Nelida! ¡Váyase urgentemente de ahí!

- ¿Qué ocurre…?

- No va a creer lo que acaba de ocurrirme… Nos vemos dentro de una hora en su casa. Páseme su dirección.

ULTIMA ESCENA

Luego de lo que parece haber sido una larga charla, y con café en mano, ambas mujeres conversan en el living de la casa de Nélida.

- Así que se dignó a aparecer… -ironiza esta.

- Si, el problema es que no se si con un consejo o con una amenaza.

- Hay consejos que son amenazas, es algo que tendrías que aprender amiga.

- Hay muchas cosas que tengo que aprender. Al igual que vos.

- Sí, la vida es una escuela de guerra… Guerras que siempre perdemos, como la pobre Cecilia. –A Nélida se le humedecen los ojos y exclama:-¡Qué hermosa era!

- Es. Hoy estoy más segura que nunca de que “ES”.

- Si, ya se que “es”… es viva, está viva… pero dudo que siga siendo hermosa. De hecho dudo que siga siendo Cecilia.

- ¿Qué nos queda por hacer? –pregunta Marcela.

- Callarnos la boca… o hablar. No son muchas opciones.

- Prefiero hablar entonces –afirma la más joven y se levanta buscando las llaves de su auto.

Nélida se levanta y la acompaña hasta la puerta de entrada, y de allí hasta el auto. El cual parece no obedecer al pie de Marcela sobre el acelerador. Vuelve a intentarlo, pero solo se escucha un ruido sordo.
La señora Ojuez emite una exclamación divertida y señalando el tablero le dice:

- ¡Mira! ¡Te quedaste sin nafta!

- Eso es imposible, le di a tanque lleno… -reprocha Ibañez.

- Bueno… por ahora las opciones son estas dos: Te llevo en mi auto hasta tu casa. O te quedas en mi casa hasta que sea de día. ¿Qué preferís?

- Sea lo que sea, no voy a poder entregar ningún borrador hasta mañana…

- Si nos apuramos tal vez podamos garabatear algo, y entregarlo a tus superiores… digo, por si algo ocurriese…

- Me parece buena idea. –asiente Marcela- Volvamos adentro...

Ambas mujeres regresan a la casa. Cuando la puerta se cierra, la cámara desciende hasta el tanque de nafta. Alguien se había encargado de perforarlo… el liquido se había desparramado a lo largo de todo el camino, dejando un fino hilo oscuro ya seco en el medio de la calle.

DETALLES DE DIRECCION/USO DE LA BANDA SONORA
  1. “Snowdance” (Emily Bear): Durante toda la primera escena de 1985 en la ruta con la doctora Giubileo.
  2. “Spinata” (Emily Bear): Durante la segunda escena de 1985. Cuando la doctora llega al hospital.
  3. “The Gravel Road” (James Newton Howard): Durante el relato de la historia de Pablo, el marido de Cecilia.
  4. “Morgan’s Horse Farm” (Hans Zimmer): Durante la escena del secuestro de Cecilia, cuando es atacada. Y también durante la escena que va desde que Marcela entra a la cafetería hasta que choca el auto.
  5. “Lighthouse music” (Hans Zimmer) : Durante la escena de Pirucha. Y también durante el final.

6 Responses so far.

  1. Hmmm, me gusta como escribes, eso lo primero. Tienes buen sentido del ritmo y eso le da vida a la historia.

    Buen reparto, aplaudo por ello, y buena dirección de actores. Me han parecido personajes muy reales.

    Se ha hecho algo corta, la verdad, y el final... bueno, abierto, pero abierto abierto abierto!

  2. chauncey says:

    Es dificil escribir sobre hechos reales Mariano, y mas aun sobre los vergonzosos hechos reales que nos han tocado vivir a los argentinos.
    Te felicito, me quedo un poco corta, pero en los momentos finales me dejo la espalda helada, asi que lograste algo.

    Una gran obra, merece alguna nominación.

    CHAUNCEY WAS HERE

    Pda: Suerte

  3. daniel says:

    Interesante obra, con un ritmo que hace que se enchufe de una. Lo mas sobresaliente está en el ritmo que le vierte a la obra volviendola mas dinamica, buenos dialogos y buena descripcion...
    Ese final tan abierto no me ha cuadrado mucho, pero en general está curradisima... Felididades

  4. Se nota la influencia de El secreto de sus ojos, pero por encima de todo está Mariano, que escribe genial y sabe crear un excelente crescendo final. Personajes encantadores en una historia durísima. De las obras que no olvidas con facilidad. Felicidades!

  5. ArturO says:

    La historia esta muy bien contada y con un gran ritmo, al igual que la selección de actores y la forma de definir un final tan pulido. Tambien los dialogos estan bien estructurados, creibles pero con potencia.
    Felicidades!

  6. Al igual que Vidal, mientras leía no pude evitar pensar en El Secreto de Sus Ojos. La manera de escribir creo que es la mejor que he visto en el festival, y por lo mismo desearía una obra más larga. Increible manejo de los diálogos y de las descripciones. El final, facilmente entre los 3 mejores que he leido. Muchas felicidades.

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