GALA DEL DB5: 11/02/11

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España: 1Hs (12/2)
Posted by DB5 | domingo, 23 de enero de 2011 | 12 comentarios

Título: TERAPIA
Director:  Xavier Vidal de las Heras

Clasificación: No recomendada para menores de 16 años

Género: Thriller dialogado, comedia negra

No tiene banda sonora ni canciones (el silencio es muy importante en la historia)

ELENCO:
-          ANA: Lauren Ambrose
-          DR. PECTERS: Peter Krause

ARGUMENTO /  SINOPSIS:
-          Un hombre y una mujer aparecen en una sala completamente blanca. Un reloj marca una cuenta atrás: 10 minutos. El tiempo que durará una terapia con final sorprendente.




Argumento:

Oímos el rumor de unos aparatos moviéndose. Algo parece encenderse. El negro del inicio pasa a un blanco brillante, artificial. La luz de varios fluorescentes inunda una sala grande con dos sofás blancos. Blanco invisible, aséptico. Una puerta en la derecha y otra en el extremo opuesto. Esta última se abre y vemos a ella (Lauren Ambrose) entrando en línea recta y finalmente sentándose en una de las butacas. Mira su reloj de pulsera,  juega con los dedos y observa la otra puerta abrirse. Él (Peter Krause) lleva una bata blanca a juego con el ambiente. Sostiene una carpeta gris, un bolígrafo plateado y unos cuantos folios. Se sienta. La cámara, que había observado la escena desde la distancia, se va acercando poco a poco. Los protagonistas se miran.

-          Bueno, sólo quiero saber tu nombre y lo que te ocurre. Entre los dos encontraremos una solución, seguro- empieza él sin presentaciones ni saludos. – Tu expediente es un poco confuso, así que tendrás que ponerme en antecedentes…
-          Fffff….- ella resopla nerviosa. Vestida de negro, desentona con todo. Se mueve nerviosa, balancea la cintura, mueve el pie, se come las uñas y juguetea con sus rizos pelirrojos. – Bueno, me llamo Ana, pero no es un dato importante: hay demasiadas Anas como para que alguien repare atención en una de ellas. Tengo 28 años, bebida aparento 40 y arreglada paso por una colegiala, mira por dónde. Soy neurótica, depresiva y suicida. Vaya, que estoy como una puta regadera. Pero algo sí se: no me gusta que me pregunten cómo me llamo y qué me pasa… porque no lo sé ni yo…
Ana traga saliva y continúa moviéndose. El hombre, que la había escuchado atentamente, se queda pensativo. Cierra el bolígrafo y aparca su carpeta en un extremo del sofá blanco: visto lo visto, no va a tomar ninguna nota. Se repeina y coloca bien su bata. Ordena el cartelito que preside su bata: doctor Penders. Se aclara la voz y se acomoda en la estructura acolchada. Un reloj media entre los dos y marca una cuenta atrás de diez minutos…
-          Ana, escúchame atentamente. Estoy aquí para echarte una mano, eso sí: siempre que quieras. Tenemos diez minutos para resolver tu enigma. Si no quieres ayuda, habla. Di lo que quieras, pero habla…- dice señalando el reloj blanco.
-          Quiere que hable…
-          Por ejemplo, qué te gusta, a qué te dedicas… o a qué te gustaría dedicarte…
-          Hice Fotografía en una universidad alternativa. Supongo que sólo conocí el bar y la sala de revelado. También supongo que debería considerarme fotógrafa. En su día fui muy buena, ¿sabe? Pero ya no me interesa. Pinté algunos cuadros, pero ahora sé que sólo era por pereza. Una temporada me dio por escribir: era un torrente de ideas… pero al final me daba cuenta de que todo eran chorradas de una niñata prepotente. Supongo que hay muchas escritoras de éxito que son niñatas prepotentes. Las lectoras niñatas y prepotentes son las peores. Yo no tuve el valor de ensuciar un papel. A mí siempre se me ha dado bien follar. ¿Quiere incluirlo en mi currículum?
-          Dices que has ido a la universidad. Cuéntame algo sobre eso.
-          Fui solo dos años. Lo dejé, como todo lo demás. Todo menos el chocolate, las buenas pollas y el tabaco: eso nunca lo dejo. La universidad es una mierda. La mía era como un parque temático. Los bohemios iban de frikis, los frikis de sabiondos y los sabiondos no lo eran porque copiaban. Créame: tener una carrera universitaria no es ningún mérito. A la mierda con las convenciones: yo quiero fumar, follar y comer chocolate. Nada más.
-          Bueno… gracias a esa carrera que tú no acabaste yo estoy aquí preguntándote y tú respondiéndome. Eres mi paciente y yo soy tu puto doctor que estudió cinco años medicina y otros tantos de psiquiatría. Supongo que sí tiene mérito una carrera, pero no te atreves a reconocerlo. Duele, pero es así: tanto tienes, tanto vales… y al final de mes también se decide cuánto cobras. ¿Te consideras cobarde, Anna?
-          Gracias a las fotografías sé que sí. Las fotografías no engañan. Uno no debe dejar que lo fotografíen: es muy peligro. Cuando decidí marcharme de la universidad volví a mi pueblo de mierda. Sí, todo es una mierda. ¿Sabe lo más curioso? Todos los idiotas que había conocido en el instituto habían cambiado. No eran los mismos. Dos años después y estaba entre extraños. Tal vez eran el doble de gilipollas. Ser consciente de que el tiempo pasa es muy duro. Y yo, que me dedicaba a pararlo con los flashes, me había quedado desfasada. Por un momento fui como un jodido vídeo ante el escaparate de una tienda de DVDs. No se ría: vi mi propia tumba y la cavé toda sola. ‘Eres un puto yogur caducado, Anna’, me dije, y yo misma me tiré a la basura. Y me deprimí. Y empecé con las pastillas.
-          ¿Todas esas adicciones vinieron después de la universidad?
-          En verdad, no. De la facultad tomé dos cosas: una cámara polaroid que mangué a un profe tarugo y una adicción de caballo a los porros. ¿Le dije que me gustaba el chocolate, no? Soy muy aguda. Las pastillas tenían que eliminar la adicción a la maría, y ahora necesito pastillas para eliminar la adicción de las pastillas que debían eliminar la adicción de los porros. ¿Me sigue? ¡Ah! También esnifo cocaína. Pero no se lo he dicho a nadie. Para eso no me medico. Ve, ya sabe muchas cosas… si usted es un afortunado... A todo esto lo llaman círculo vicioso, ¿no?
-          Más o menos.
-          Y el círculo se cerró. Me di cuenta que no sólo los demás habían cambiado, sino yo misma. Eso me aterró. Sabe… la gente está preocupada por la mentira, la fidelidad  y todas esas chorradas. A mí en cambio me gusta la gente de doble cara: ¿cómo podemos valorar la sinceridad si durante el día somos y nos comportamos como personas distintas? La sinceridad es una mentira. Y una mierda. La verdad empieza por la mentira. Soy varias Anas a la vez, ya lo ve.
-          Digamos que eres pesimista…
-          … y una yanqui yonki de cuidado. ¿Puedo fumar, no?- rompe ella mientras enciende un cigarrillo y vuelve a esconder paquete y mechero en sus bolsillos. – Soy una pesimista de cojones. Todo esto se supone que es para que salga ahí fuera, ¿no? Ahórrese el discurso porque no quiero volver a fuera. El mundo está loco. Los adolescentes quieren ser adultos, los adultos se comportan como veinteañeros calentorros, y los viejos, antes o después de perder el lívido, la cabeza y las piernas, son como unos niños arrugados. Todo lo cíclico me aturde. La rutina me mata- da una calada. – El tabaco en cambio me da vida, sea lo que sea la vida y sea lo que sea lo que contenga el tabaco. Y el chocolate. Y las buenas pollas. ¿Me estoy repitiendo, no?
-          ¿Y qué planes de futuro tiene? Si es que tiene, claro.
-          Está usted irónico, doctor. He vivido muy rápido y moriré igual de veloz. Cada cosa requiere su tiempo, precisa su momento…, pero yo he sido una bruta. Ya ve: nada, ninguna de sus preguntas, puede sorprenderme. Y como de algo hay que morir, fumo. Y follo sin condón. Y como chocolate hasta vomitar. Lo más normal del mundo.  ¿Ese reloj se ha parado, no?
-          Supongo que se nos ha acabado el tiempo. Ya tengo todo lo que quería saber.
-          Y bien… ¿cuál es su diagnóstico, doctor?
-          Diría que es una acomplejada. Una niña egoísta, mimada e insolente. No tiene ningún desorden psicológico, sino mucho descaro. Y labia, por supuesto. Esto es un circo patético. Ya he entendido el truco, señorita. Puede cerrar las luces.
-          Chicos, ¿habéis oído?- responde la joven ante la cámara fija que siempre la ha mirado durante la entrevista. - ¡Cerrad las luces!
La chica se vuelve a sentar. Oímos el pitido de un dispositivo mecánico. La luz blanca desaparece y el espacio se oscurece. Aparecen cables, focos ya apagados y un plató verde. El blanco se esfuma.
-          ¿Y bien? Qué opina…- responde el doctor Penders mientras rescata la carpeta y los folios de antes.
-          Muy astuto, señor Penders. Eso de dejar los papeles en un rincón para establecer complicidad con el paciente… ha sido interesante. Pero me ha dejado fumar. Y he insultado: nunca debe consentir ningún taco. Mi diagnóstico es que es un psiquiatra demasiado condescendiente. Por un momento ha intentado sentir compasión, usted ha callado y yo me he aprovechado. No ha sido nada profesional. Francamente, me ha decepcionado. ¿Se ha creído el papel de niña pija y burgués con adicción a las drogas? Muy manido, doctor, demasiado para caer en semejante trampa.- responde ella severa, aprovechando las últimas caladas que le proporciona su cigarrillo. Se acerca hacia él, coge la carpeta y el bolígrafo. Empieza a escribir. – ¿A qué venía toda esa mierda de su carrera? En fin, le receto una de ‘calmax’: está demasiado nervioso, y un psiquiatra nervioso es débil, y alguien débil no es un buen psiquiatra. El dichoso círculo vicioso. También le receto unas gotas de ‘convicción’ y ‘firmeza’: se las darán fuera en recepción. Está suspendido. Tome las recetas. Ya puede irse-.
El médico se levanta cabizbajo, toma las recetas y se va. La escena del inicio se repite, aunque en esta ocasión él es el primero que aparece en escena, pero para abandonar el plató.
Los ruidos que oíamos al inicio de la historia se repiten. El blanco reaparece.
-          Chicos, cámara… escuchadme- sigue ella, ya sola, mientras la cámara toma como plano único la expresión de su rostro. Nos mira. – Sigamos con la terapia. Vuelvan a rodar. A la de tres se encenderán las luces, yo entraré por la puerta y el paciente por el lado izquierdo. Enfocadlo todo bien, ¿de acuerdo? Alguien tiene que curar a los médicos. Que empiece el espectáculo- acaba con movimientos de brazos, gesticulación exagerada y voz alta. – A la de tres… Uno, dos…

Reaparece la luz, el plató, los sofás. La cámara oscurece.
-          ¡Tres!
Aparecen los títulos de crédito.




 DETALLES:
-          La obra no tiene canciones ni banda sonora: el silencio es muy importante. En los títulos de crédito, oímos los pasos de alguien entrando en la sala. De esta forma el espectador se percata que la ‘terapia’ vuelve a empezar, aunque nosotros no lo veamos.
-          La cámara enfoca durante el diálogo en plano fijo a los personajes. De esta forma, la fotografía es estática y enfoca, siguiendo el orden del discurso, o a Ana o al doctor. En la pantalla se sobreimprime en todo momento en el margen derecho del cuadro un reloj, ya que lo que realmente vemos son las imágenes de una videocámara casera. 

Nota al lector (incluir después de la obra):
Un fin de semana conocí a una gente que me pareció bastante estúpida. Tenían sus ideas e ideales, y se los creían. Y pensé: ¿quién les dice a estos señores que están equivocados? Luego pensé: para estos señores, yo estoy equivocado. De aquí nació el círculo vicioso y la necesidad de enfrentar cara a cara a dos personajes que a su modo son y están tarados. ¿Nunca han pensado que muchos psicólogos deberían ser los primeros en ser psicoanalizados? ¿O que quien estudia magisterio en realidad quiere ser un alumno eterno, y no un profesor? Quería escribir sobre eso. Un cuento breve sobre la idea de que ‘las apariencias engañan’. De que no existe la verdad absoluta, sino distintas formas de ver un mismo asunto. Algo que muchos olvidan con facilidad en ese mundo tan variopinto que describe Ana en su speech. ¿Es lícito que alguien se crea en el derecho de juzgar a alguien? No, por eso el final tenía que ser sorpresa. Al fin y al cabo, todos necesitamos una terapia, ¿no creen?



12 Responses so far.

  1. Anónimo says:

    Soy Juan Bagliani, ME ENCANTO, ES PERFECTA, PERO LO VEO EN CIERTO PUNTO COMO UNA OFENSA A LOS PSICOLOGOS. ESO NO ME GUSTÓ. LOS PSICÓLOGOS NO JUZGAN, QUE QUEDE CLARO

  2. Anónimo says:

    Soy juande vuelta, otra cosa, lo que haces tu aca, es defender la actitud de la chica??? Si es asi no me gusta en absoluto.

  3. Juan... me has matado. No quiero condicionar la lectura de nadie, pero... No defiendo la actitud de nadie, ni critico la tarea de los psicólogos. Hablo, creo, de algo más abstracto que está en todas las personas y todas las profesiones: el 'juicio ajeno', el juzgar con facilidad a los demás. El cambio del final no deja de ser una sorpresa. Juan, es más comedia de lo que parece! Pero gracias por leerla.

  4. chauncey says:

    La lei dos veces porque la primera vez no la entendi jaja.

    Gran obra Xavi... pero me gusto mas No me arrepiento de nada.

    Saludos!

    CHAUNCEY WAS HERE

  5. Anónimo says:

    De todas maneras Xavi, me FASCINO, pero no habia entendido, ahora que me explicas, me gusta mucho mas. Felicitaciones

    Juan Bagliani

  6. daniel says:

    Ok, creo que estamos ante una obra muy reflexiva, y tal vez con la premisa mas interesante del festival... Me ha gustado... El personaje de Ana con los dialogos vivaces y efusivos funciona muy bien... Y creo que hay muchas maneras de interpretar el mensaje. En sí está grandiosa. Muy buen trabajo.

  7. ArturO says:

    Interesante, muy reflexiva, aplikando muy bien ideas filosoficas, contradiciendolas y eafirmandolas. Los discursos son agobiantes y geniales, el final es lo que le da vida a la obra.
    Felicidades!

  8. A mí me ha encantado...
    Además la protagonizan los protagonistas de una de mis series favoritas, que a propósito está por empezar y obvio no me la pierdo.

  9. Lilith says:

    Esta bastante bien, confusa y tensa hasta el final (incluso el final es quizá un poco confuso).
    Entiendo que hablas de las contradicciones, las falsas apariencias y la inexistencia de una verdad, de una realidad absoluta.
    Me ha gustado lo del círculo vicioso... porque hablas de él en la obra como uno de los problemas de la "paciente" pero la propia obra es como un círculo vicioso que se repite una y otra vez (aunque quizás con distintos personajes).
    Solo una cosilla: -[...]Uno no debe dejar que lo fotografíen: es muy peligro. Cuando[...]
    Supongo que en vez de "peligro" quisiste decir "peligroso" ^^
    Por lo demás muy bien, me ha gustado.

  10. Lilith says:

    P.D.: Me ha encantado lo de "Alguien tiene que curar a los médicos."

  11. Igual, al final me quería confundir, pero creo que con la frase que resalta Lilith, se aclara bastante el panorama.
    Un corto que veo más posible en una obra teatral (si la desarrollas, creo que resultaría excelente). Si uno busca (lee dos veces) creo que la explicación se encuentra en el mismo desarrollo y eso me encanta.
    Magnífico duelo!

  12. Pabela says:

    Me gustó mucho la puesta en escena! Me encantaría verla realmente llevada a la pantalla y con estos dos actores. Xavi, la vuelta de tuerca me encantó! "alguien tiene que curar a los doctores" jajaja genial!!

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